Colombia necesita una nueva política para el agro.
Juan Pablo Fernández, Economista, Investigador Asociado del Centro de Estudios del Trabajo, Cedetrabajo
La actual política agraria fundamentada en los TLC y el libre mercado arruina la producción agraria nacional. Colombia necesita una política agraria que fortalezca la producción campesina y la de los empresarios agrarios y que elimine la gran propiedad terrateniente. Solo así el campo podrá cumplir sus tres funciones principales: producir alimentos, generar divisas y proveer de materias primas a la industria. Deslinde
En Colombia hay una creciente agitación social. Las encuestas de opinión registran un aumento de la percepción negativa sobre el gobierno y el devenir de la economía.1 En este marco se ha avivado el debate sobre el agro colombiano. Renegociación de los TLC, reducción de los costos de producción, que el gobierno no aumente sino que contribuya a reducir la incertidumbre y el riesgo asociados a vivir del agro, más presupuesto público para el agro, etc., son las peticiones de campesinos y empresarios del campo. El debate amerita partir de una descripción de la situación coyuntural y estructural de la agricultura, y en especial, mirar cómo viene cumpliendo sus tres funciones principales (producir comida, generar divisas y proveer de materias primas a la industria).
Frases como “El tal paro agrario no existe” son desafortunadas no solo por la fuente sino porque parten de la intención de ocultar los hechos para no aceptar que la agricultura colombiana está en crisis. Por qué el agro está en crisis. El ingreso de los productores no alcanza para cubrir los costos; ni los de los más modernos ni los de los campesinos que laboran rodeados de la precariedad y ausencia de bienes públicos (carreteras, asistencia técnica, riego, educación, servicios públicos, etc.). El precio que se paga a los agricultores tampoco es fuente de ingresos suficientes para el sostenimiento propio y el de la familia, cubrir la inversión y obtener una ganancia. Los productores del campo trabajan a pérdida.
La crisis de hoy implica la quiebra o el marchitamiento de sectores que irán perdiendo capacidad de reproducción hasta llegar, bien sea a la desaparición o a una reducción de proporciones importantes. No se está ante el típico caso de destrucción creativa, donde las viejas actividades económicas son reemplazadas por otras de una escala superior en la evolución social. Por el contrario, estamos frente a una destrucción regresiva, pues lo que se pierde es reemplazado por la informalidad y por una mayor concentración de la riqueza en manos de los bancos y poderosas multinacionales, que muy poco aportan al desarrollo nacional y están dedicados a extraer rentas de la economía real para ponerlas en la especulación bursátil.
¿Cuáles son las razones de la crisis? Es una combinación de cosas. Si se hace una igualdad que recoja los factores estructurales y coyunturales de la crisis del agro esta sería: crisis del agro = apertura económica + problemas de competitividad + revaluación y enfermedad holandesa + problemas históricos (distribución de la tierra) + los TLC.
Recientemente, entre 2011-2012, el crecimiento de las importaciones fue la variable que más aportó al aumento de la oferta de bienes agrícolas, reduciendo los precios al productor en varios géneros agrícolas y pecuarios. La oferta nacional de productos agropecuarios aumentó en 2,3 millones de toneladas: las importaciones aportaron 54% y la producción nacional 46%. En los últimos veinte años el factor más dinámico de la ecuación de la oferta nacional de productos agrarios (ON = producción nacional – exportaciones + importaciones) ha sido el de las importaciones. Entre 2000-2011, mientras la producción por habitante de géneros agrícolas (sin pecuarios) se incrementó en 6,6%, las importaciones per cápita lo hicieron en 67%2, diez veces más.
En los últimos veinte años y en especial en lo corrido del siglo XXI, cuando la inversión foránea se convirtió en la variable moldeadora de nuestro aparato económico, el agro y la industria han sido los sectores de menos dinamismo. El PIB per cápita del agro se ha movido a una velocidad cuatro veces menor a la del PIB per cápita total. Naciones Unidas resume la situación del campo así: “El gobierno firma tratados y asociaciones de libre comercio y crea incentivos para el empresariado agroindustrial pero, con honrosas excepciones, el desempeño productivo agropecuario deja mucho que desear. Entre tanto, sectores de pequeños y medianos campesinos esperan del Estado medidas de más envergadura para evitar que sus economías desaparezcan o queden reducidas apenas a medios de sobrevivencia.” Y concluye: Lo que tiene Colombia es un “modelo de desarrollo rural (…) altamente inequitativo y excluyente.”3
La enfermedad holandesa y el agro
El término enfermedad holandesa se usa para describir un fenómeno macroeconómico en el que un país, como resultado del auge en sus ingresos de divisas (dólar), tiene una revaluación estructural y caídas en la industria y el agro, y una reestructuración económica que favorece a la explotación de recursos petroleros y mineros y los sectores no transables (construcción, sistema financieros y comercio). En lo corrido del siglo XXI los ingresos de dólares al país no tienen precedentes. Desde 2007 el índice de tasa de cambio real indica que el peso está revaluado, el agro y la industria están en crisis, y al sistema financiero, la construcción, la minería y el petróleo les va muy bien. Miremos como se ha expresado:
Los hogares colombianos, por cuenta de la revaluación del peso frente al dólar, han tenido un incentivo para comprar más bienes importados que nacionales. Entre 2003-2012 el ingreso per cápita de los colombianos medido en pesos creció 119%, mientras en dólares lo hizo en 251%. En el caso de los productos agrícolas se ve reflejado en la evolución de los consumos per cápita de bienes producidos internamente y la de los importados. Mientras el consumo per cápita del trigo, de oferta importada, entre 2005-2010 creció a una tasa de 6,4% anual, cuatro veces más que el crecimiento poblacional, el de la papa cayó, el del arroz no varió y el de la leche lo hizo al mismo ritmo de la población, productos todos con base en la producción nacional. En estos productos en los que la evolución de los consumos per cápita es menos dinámica o negativa, las importaciones llegan a competir con los productos nacionales y hacen caer los precios al productor, no al consumidor.
En lo corrido del Siglo XXI el país tuvo un auge en su frente externo. La economía mundial creció, América Latina creció y Colombia creció. Entraron muchos más dólares provenientes del aumento de los precios de los commodities, como el petróleo, y del crecimiento de los ingresos vía exportaciones e inversión extranjera. Esta última arribó principalmente a la minería, el petróleo y a la especulación. Aumentaron los ingresos del fisco, de los hogares y de las empresas, generando un importante impacto en el frente externo. Los mayores pagos y compras que le hacemos al mundo crearon un déficit estructural en la cuenta corriente de la balanza de pagos El país tiene un exceso de gasto en el frente externo, los dólares que le entran no le alcanzan para pagar sus gastos, entonces recurre a financiamiento proveniente de la inversión extranjera, la que en la medida que aumenta su stock se lleva más utilidades, y así sucesivamente.
La Inversión Extranjera (IE), al igual que la deuda externa son un pasivo para la economía. En otras palabras, un ingreso que implicará gastos en el futuro. Colombia ha acumulado un creciente pasivo con la IE, suma 213 mil millones de dólares (20134). Desde 2005 ha crecido en 177% (jul.2013) y pasó (2005-2012) del 52 al 54% del PIB. Pasivo que tiene un costo creciente: hace unos años las utilidades remitidas al exterior eran la mitad de los ingresos por IE, hoy son iguales o un poco más. El crecimiento económico de la última década, que no es de los más altos en las últimas cuatro, no sembró una menor exposición a posibles embates externos, al contrario, la amplió.
En suma, la crisis del agro se da en el marco de la Enfermedad Holandesa. En el Siglo XXI los sectores con menor dinamismo en el PIB, la producción y el empleo, han sido el agro y la industria. Por el contrario la construcción, la minería, el petróleo, el sistema financiero y las actividades bursátiles, todos receptores de IE, caminan a mayor velocidad. Se generó un proceso de reestructuración de la economía, que agrava los problemas acumulados en el agro, como los golpes de la apertura de los noventa, cuando varios cultivos quebraron. Estos problemas se suman a los acumulados: mala distribución de la tierra, poca asistencia técnica, malas vías, altos precios de los fertilizantes, poco y costoso crédito, mala dotación de bienes públicos, etc.
¿TLC o No TLC?Varias páginas se han es-crito para decir que la caída de los precios en el agro y como consecuencia, el ingreso de los productores, nada tiene que ver con el modelo de los TLC. Entre 20112012, medidas en toneladas, mientras las exportaciones agrarias cayeron 2,6%, las importaciones crecieron en 14%. Estas últimas presentaron aumentos importantes en rubros cubiertos por el libre comercio. Las de maíz aumentaron 22%, las de almidón 27%, arroz 251%, carne de cerdo 65%, leche en polvo 188% y lactosueros, carne de aves y quesos en 56, 5.612 y 61%, respectivamente. Los países de origen con mayor dinamismo fueron Mercosur, CAN, Canadá y Chile, naciones con las que hemos liberado una porción o casi todo nuestro comercio agropecuario y hemos consolidado un comercio agropecuario deficitario.5
El caso de Estados Unidos merece un comentario especial. La entrada en vigencia del TLC significó un punto de quiebre de la tendencia en el comercio. Entre 2008-2012 se dio una desviación del comercio agropecuario desde Estados Unidos hacia los países del Mercosur (Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina). Período en el que las compras a EEUU cayeron de 4,8 a 1,9 millones de toneladas, mientras las hechas a Mercosur crecieron de 1,8 a 4,6 millones de toneladas. El país cambió de proveedor. Pero el TLC está dándole un nuevo dinamismo a las importaciones provenientes de Estados Unidos. De junio de 2012 a junio de 2013, año corrido, las importaciones agrarias desde USA crecieron 127% anual.6 El TLC despeja el camino a USA, pues antes, en ausencia del acuerdo, la potencia perdió parte del mercado colombiano, mientras Colombia no vio afectadas las exportaciones, estancadas desde hace un lustro. Estados Unidos recupera el terreno perdido y apenas lo haga, ¿se quedará quieto? Es difícil dudarlo. Y a Colombia en este intercambio le están quedando solo las pérdidas de su mercado interno y las ilusiones de exportar algo más.
Las negociaciones de los TLC en general (en especial los firmados con USA y la Unión Europea) incluyendo sus capítulos agrarios y relacionados (medidas sanitarias, propiedad intelectual, etc.), fueron y son inicuas para las ventas de Colombia. La potencia estadounidense y las europeas subsidian fuertemente a su agro, que sumado a mayores economías de escala, una capacidad de inversión pública y privada muy superior, mejor dotación tecnológica, etc., dan como resultado una ventaja absoluta que las favorece. Ambas economías transfieren al agro, con cargo al presupuesto público, cerca de US $150.000 millones, que constituyen más del 70% de los subsidios que reciben los productores agropecuarios de esas naciones. En Colombia el presupuesto público para respaldar el agro vale US $1.360 millones (2013), recursos que antes de las desgravaciones iniciadas con los TLC, cubrían el 13% de los apoyos al agro. Históricamente la mayor porción de las ayudas al agro colombiano han estado en la protección en frontera (aranceles), que han participado con el 77% del respaldo.7 Al contrario, del total de las ayudas al agro, en Estados Unidos, por ejemplo, los aranceles representan el 23% de las ayudas y los subsidios el 77%.
Tanto en el caso de USA como en el de la UE, la negociación por parte del gobierno nacional consistió en que ambos renunciamos a los aranceles, ellos al 23% de sus apoyos, nosotros al 77%. El resultado es una ecuación desbalanceada. La iniquidad se suma a que allá los subsidios con cargo al erario son cien veces superiores a los de acá. La abismal diferencia, cuando muchos productos son comunes y excedentarios allá, inclina la balanza a favor de USA y la UE. Eso no tiene discusión. El tamaño de los subsidios europeos y norteamericanos, causa de una distorsión en el comercio mundial de los géneros agropecuarios, ha empujado a varios países del mundo o a no negociar TLC con las potencias o, ante la realidad de negociar TLC con ellas, excluir productos o cadenas de valor enteras de los acuerdos de libre comercio8. Práctica también aplicada por Estados Unidos, quien en el TLC con Colombia, excluyó de la desgravación al azúcar y en productos como el tabaco la desgravación es tan lenta que más bien es una exclusión.
Sin embargo, el gobierno de Colombia, siguiendo un comportamiento alineado con los intereses de nuestros competidores y contra toda evidencia –incluso la de sus propios estudios–, sin mirar los subsidios, las ventajas absolutas y las distintas condiciones climáticas, expuso todo el agro colombiano a una competencia desigual. Los resultados negativos de hoy eran perfectamente previsibles, no son una sorpresa, son tan previsibles como la Ley de la Gravitación Universal.
Un agro herido
El libre comercio tiene heridas las tres funciones básicas del agro: producir alimentos, generar divisas y producir materias primas para la industria. Las tres las viene perdiendo nuestra agricultura. Insistentemente dice el gobierno que de cada cien toneladas de productos alimenticios demandados, noventa provienen de oferta nacional. A primera vista la cifra es positiva, pero cuando se le mira con detalle se descubre que no lo es tanto. Los principales géneros agrícolas de consumo para la humanidad en su orden son: trigo, arroz, maíz y papa. Son una importante fuente de energía asimilable por el humano. En ellos Colombia ha perdido totalmente la autosuficiencia o está en camino de perderla.
Para el trigo, las 1,5 millones de toneladas de importaciones representan el 99% del consumo nacional. En arroz ya son 6% de la producción, cuando en 2008 apenas eran el 1%; en maíz las compras externas, 3,5 millones de toneladas, son casi el doble de la producción interna. Y en papa el 3% de la producción. En este último caso, el comercio mundial es el 6% de la producción, vamos en la mitad del indicador. En el caso del maíz, sus compras externas son la base alimentaria de la avicultura y en menor proporción de la porcicultura y de la ganadería lechera más moderna. Si algo pasa con el suministro de maíz, graves problemas en el acceso a la carne de pollo y cerdo tendríamos. Para las leguminosas, las compras foráneas son casi el 60% de la demanda nacional.
Este abastecimiento, altamente dependiente de las importaciones, tiene varios riesgos. Uno, el del mismo abastecimiento, pues existe evidencia de que por razones de oferta o de política macroeconómica los países productores han restringido sus exportaciones en varias ocasiones. En el caso de los países africanos, la FAO ha advertido que por cuenta de la violencia y la falta de infraestructura, sumada a la pobreza de la población y a pesar de que algunas naciones cuentan con las divisas para comprar los alimentos, estos no llegan. Luego el problema del acceso físico a los alimentos para las naciones no se limita solo a un problema: poseer las divisas, como equivocadamente tratan de explicar quienes en Colombia defienden la política de importación masiva de alimentos.9
También existe un riesgo por shock de precios. En 2008 y 2012, resultado de los ataques especulativos y de la caída de las cosechas en Estados Unidos, los precios del maíz y del trigo se fueron a las nubes, causando choques inflacionarios y de imposibilidad de acceso por parte de la población de los países dependientes de las importaciones. En América Latina, por ejemplo, esta fue una fuente importante en el crecimiento de los índices de pobreza e indigencia.10
La autosuficiencia total en varios de los géneros agropecuarios es algo difícil. Pero en alimentos estratégicos la dependencia de las importaciones superiores al 30% del consumo interno son muy peligrosas. Colombia está altamente expuesta a choques externos. Su déficit externo es del 3% del PIB y su cuantía supera los 12 mil millones de dólares. Aunque las importaciones agropecuarias son 11% de las totales, equivalen a la mitad del déficit en la cuenta corriente y desde 2007 la generación neta de divisas por parte del agro (exportaciones-importaciones) pasó de 2.500 a 1.600 millones de dólares en 2012.
El agro además no logra proveer todas las necesidades de la industria. En trigo y oleaginosas, entre otros, las importaciones son la principal fuente de materia prima. En el caso del café, hace varios años el cultivo no suple la demanda de la industria torrefactora interna. En el del azúcar, las importaciones son el 15% de la producción nacional, cuando un año atrás (2011) eran la mitad de este indicador. El agro colombiano viene siendo desplazado por las importaciones como proveedor de materia prima para la industria.
Necesitamos otra política para el agro
Quienes han estudiado la economía agraria concluyen que con el agro se deben tener dos consideraciones especiales: 1. Su función de producción es diferente a la de la industria y a la del resto de los sectores. 2. Las incertidumbres económicas y técnicas del sector. En el sector las distintas rentas diferenciales de la tierra y las lógicas que gobiernan su funcionamiento (campesina, empresarial y terrateniente) son razón para la implementación no de una, sino de tres distintas políticas públicas que promuevan el empleo y la producción. Las que van al campesino y al empresario deben tender a su reproducción y libertad económica, y la que va al latifundio a su destrucción y transformación. Además, la política cambiaria, fiscal, comercial e inflacionaria junto con toda la de investigación y extensión, deben buscar la reducción o paliación de la incertidumbre que significa tener plata al sol y al agua.
Los agricultores siembran hoy en función de un precio del que no tienen certeza. Aunque lo hacen pensando en el ingreso de su última cosecha, la variabilidad climática, la especulación, la política macroeconómica, etc., pueden incrementar o hacer caer los precios en forma imprevisible. Hoy, ante la crisis de rentabilidad por la que pasa el agro, el gobierno de Juan Manuel Santos propone para salir de ella el modelo Lizarralde-Indupalma, en el cual todos los riesgos del agro son trasladados al agricultor en beneficio del inversionista operador-transformador o del comercializador, profundizando las incertidumbres de los agricultores.
El agro necesita una política macro que abra el camino a la reproducción de las lógicas económicas empresarial y campesina, que destruya la terrateniente y que a través de subsidios y crédito de fomento, haga fluir el capital y otros recursos hacia él. El libre comercio, los TLC, no son una política adecuada. Limitan y destruyen las funciones del agro en la economía, trasladan los riesgos a los productores en favor de los inversionistas (operadores como Carguill o Indupalma) y dejan expuesta la economía a riesgos externos y a presiones políticas por parte de otras naciones, que aprovechándose de ser proveedoras de alimentos, tienen una herramienta de chantaje. Es posible recuperar el dinamismo del agro. Es necesario. No con la lógica de quienes promueven la ruina del agro empresarial mediano y pequeño y una servidumbre “moderna” para el campesinado. Los más de 15 millones de colombianos que viven en poblados rurales, tienen ese derecho. Los 47 millones de colombianos lo necesitamos. Hay que construir otra política para el campo.
NOTAS
- El Espectador, Manifestaciones atienden al modelo económico, ago.18.13 (http://bit.ly/1bLoHVW) y revista Dinero, Pesimistas, oct.17.13 (http://bit.ly/GRHxjF)
- Cálculos propios con base en datos de Minagricultura y Dane.
- PNUD, 2011. Informe de Desarrollo Humano Colombia. Razones para la esperanza. http://pnudcolombia.org/indh2011
- Para estas cifras, visitar la página www.banrep.gov.co, sección estadística.
- Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, 2013. Memorias al Congreso de la República 2012-2013. http://bit.ly/17FAJCx
- Fedesarrollo, agosto de 2013. Tendencia económica No. 134. Pp. 4. http://bit.ly/1evjxyL
- Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, 2005. La agricultura colombiana frente al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. pp. 41.
- Chile, Marruecos, Jordania, Canadá y Costa Rica son países que ha excluido sectores o productos de los TLC con USA.
- Para más información sobre el tema ver informes de la FAO sobre el estado de la agricultura mundial 2008, 2009 y 2010. También ver informa de la FAO sobre el estado de la seguridad alimentaria en América Latina 2012. www.fao.org
10.FAO, 2012. Panorama de la seguridad alimentaria en América Latina y el Caribe. http://bit.ly/Uh2iZj




