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Hace unos 50 años se descubrió lo que técnicamente se llama la Radiación Cósmica de Fondo (RCF). Con los resultados obtenidos tras la observación del eclipse de 1919, que iniciaron la confirmación de la teoría de la relatividad de Albert Einstein, la cosmología tuvo soporte matemático y teórico para estudiar el origen y evolución del universo.

En los años 40 del siglo XX George Gamow, Ralph Alpher y Robert Hermann propusieron un origen “caliente” para el universo: todo empezó desde un punto de densidad y temperatura infinitas el cual se expandió rápidamente para formar el espacio, el tiempo, la materia y la energía. Esa expansión habría de dejar una radiación fósil (RCF). Esta es la famosa teoría del Big Bang o de la Gran Explosión. A esta se contraponía otra, propuesta por Fred Hoyle, Herman Bondi y Thomas Gold llamada teoría del Estado Estacionario. Hoyle, en un intento fallido por burlarse de la teoría rival le puso el alias de Big Bang, donde la expresión “bang” es un modo vulgar de referirse al orgasmo.

Años después, en los 60, Arno Allan Penzias y Robert Woodrow Wilson, por entonces adscritos a los Laboratorios Bell, estaban calibrando una antena que captaba un molesto ruido que parecía provenir de todas partes del cielo. Como en el interior de la antena habían anidado algunas palomas, los dos científicos llegaron a creer que la fastidiosa interferencia era producida por las excretas de esas aves. Tras descartar esta y otras causas, llegaron a la conclusión de que ese ruido no podía ser otro que el eco del resplandor primigenio que originó todo lo que existe.

Según esta teoría el universo tiene una edad de 14.000 millones de años. En su inicio era un plasma caliente en el que la luz no podía moverse; 380.000 años después el universo se hizo transparente y permitió el paso de la luz. Es ese el momento en que se origina la RCF. El telescopio espacial Planck, de la Agencia Espacial Europea, ha levantado un detallado mapa de esa radiación. Esta teoría lleva a la incómoda pregunta de qué había antes del Big Bang. Alguna vez un Papa le dijo a Stephen Hawking que la ciencia debía ocuparse de lo que sucedió tras la Gran Explosión, pero que lo que había pasado antes era asunto de la religión.

Hay científicos, como Roger Penrose, que piensan que hubo otros universos antes de este Big Bang y que habrá otros después. Por su parte Wun-Yi Shu de la Universidad Nacional Tsing Hua en Taiwan, propone que el universo no tuvo ningún origen y no tendrá final: la Gran Explosión nunca sucedió. El tiempo no tiene entonces ni principio ni fin. En este modelo tiempo y espacio son intercambiables, siendo la velocidad de la luz el factor de conversión. Además, la velocidad de la luz y la intensidad de la fuerza de gravitación no son constantes; varían con la evolución del universo. Esta interesante hipótesis aún no explica el origen de la Radiación Cósmica de Fondo. ¡Ojalá lo haga!

Guillermo Guevara Pardo

guillega28@gmail.com

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