Home Cultura Tertulia literaria y artística de Deslinde

El jueves 17 de octubre a las 6:30 p.m, en el Café Arábigos y con el apoyo de la Fundación Común Presencia, se inauguró la “Tertulia Literaria y Artística de Deslinde”. En esta sesión inaugural la atención se centró en la novela “Ritual de Títeres” de Gonzalo Márquez Cristo, poeta y escritor, quien, es a su vez, director de la Fundación Común Presencia y editor de la colección literaria Los Conjurados que ya suma 90 títulos. Participaron en la discusión sobre el significado filosófico e histórico-social de la novela y sobre su legado, los poetas Carlos Fajardo, Omar Ortiz, Alba Nelly Londoño Sánchez, Jairo Alberto López, Olga Yolanda Rojas, Aldemar González´, el pintor Fernando Maldonado y otros escritores. La coordinación del evento, a nombre de Deslinde estuvo a cargo de Gustavo Quesada.

Esta novela, “Ritual de Títeres”, ilustrada por el pintor Fernando Maldonado y que ya fue objeto de una colección de pinturas de destacados artistas colombianos, se ha venido convirtiendo en una obra de culto. Surgida en el contexto de la crisis universal de los 90: caída del Muro de Berlín, de la Republicas Populares de Europa Oriental y el derrumbe de la Unión Soviética, crisis de la razón y predominio de las corrientes posmodernas, y en lo interno, Constitución del 91, expansión del paramilitarismo y el narcotráfico, y evidencia  del fracaso de las opciones que arrastraron a la juventud desde mediados de los 60, no aborda explícitamente el tema social. Ni necesita hacerlo. Por el procedimiento de la deconstrucción del lenguaje y la estructura tradicional de la narrativa, que en ocasiones ya no dice nada, pues nuestra percepción está mellada, las palabras vacías y ya no hay correspondencia entre la palabra y los hechos, del primero al último capítulo nos arrastra en el lenguaje y las metametáforas poéticas. Sus protagonistas son tomados de los clásicos de la tragedia griega (mitos redivivos y reinventados). Ariadna, Fedra, Jano, Mirtilo hablan, copulan, sueñan, discurren, preguntan y maldicen en las calles de Bogotá. Es como si el autor nos exigiera reinventarnos como lectores, leer de una manera que podamos ver lo que ya nos vemos, y como si al trasplantar los mitos griegos a las caóticas calles de Bogotá nos estuviera exigiendo volver a las raíces de nuestro ser, del  habla y de los sueños, para salir del embotamiento y apreciar lo que nos destruye. No hay conclusión formal, como no la hay todavía en Colombia, diríamos nosotros. Pero en su intensión desalienante y humanizadora concluye con una pregunta: “¿Asistiré al regreso del hombre?”

Gustavo Adolfo Quesada Vanegas

gaquesa2@yahoo.com

 

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