NACE LA “UNIDAD NACIONAL DE ARTISTAS”, UNA
El sábado 30 y domingo 31 de mayo sesionó en Armenia (Quindío), el “Primer Encuentro de Amigos del Teatro”, con la asistencia de más de 50 artistas representantes de colectivos de 10 departamentos del país. Asistieron como invitados especiales representantes de la Asociación Colombiana de Actores, ACA, y el Pequeño Teatro de Medellín.
El Encuentro inició un proceso organizativo de los artistas colombianos que busca contribuir a la dignificación del trabajo artístico y a la defensa de la cultura nacional. Se abordaron temas como la Ley de Espectáculos Públicos, la seguridad social de los artistas, su formación, las políticas educativas, los aspectos laborales, los efectos de la globalización y las políticas neoliberales, y en general, la política estatal para el sector.
Se analizó el pírrico presupuesto destinado al Ministerio de Cultura (0,3% del presupuesto nacional ($390,793 millones de pesos, equivalente al 0.1% del PIB) y la creación de tributos parafiscales para el sostenimiento de la cultura, con los cuales se descargan nuevos impuestos sobre los colombianos. Entre ellos se mencionan la estampilla pro-cultura y el 10% en boletería. El 4% del impuesto al consumo de telefonía celular se destina al deporte y a la cultura; del ya exiguo fondo creado con este recurso, el 10% va directo a las bibliotecas públicas y el 90% restante se distribuye 75% para el deporte y apenas un 25% para la cultura.
Es necesario dignificar el trabajo de los artistas. Ellos se ven sometidos a vejámenes y a situaciones de desventaja, que convierten su trabajo en una empresa casi imposible. Su vida cotidiana es una incógnita. Se socava su labor, su creatividad y su misma sobrevivencia, así como la de sus familiares. Cubrir sus necesidades mínimas de subsistencia y poder realizar su trabajo es una empresa titánica, regida por las leyes del azar.
En el campo laboral, las condiciones de contratación para el profesional del arte, sea como docente, intérprete, director o en cualquier labor artística, son pésimas y en la mayoría de los casos es tratado como un mendigo. La tercerización, los trabajos por contrato y por prestación de servicios, obedecen a parámetros de exclusión dentro de los más básicos derechos laborales.
En el aspecto formativo la situación no es mejor. La mayoría de los centros de estudio de las artes son de garaje. Los pocos centros oficiales existentes funcionan con un presupuesto misérrimo, sin materiales, instrumentos, infraestructura, y lo que es peor, sin profesores especializados, tanto en su profesión como en la docencia. La Escuela Nacional de Artes Dramáticas desapareció y las sedes regionales nunca se crearon, dejando a los actores y directores sin espacios formativos.
El mérito del artista consagrado no es reconocido y su profesionalización es casi imposible. A pesar de años de dedicación y logros profesionales, si no cuenta con supuestos títulos que lo escalafonen, no puede ser docente, ni ejercer cargos de acuerdo a su experiencia y saber.
Los estímulos estatales cobijan un porcentaje mínimo de trabajadores del arte y las sumas son irrisorias. Su repartición está totalmente centralizada y las regiones no reciben prácticamente ninguna ayuda. Lo que es más grave, no existe una política real de fomento permanente de la cultura que se aleje del criterio paternalista de los llamados “estímulos”.
La ley del Teatro no apoya a los grupos pequeños o regionales, ni les destina recursos. A ellos y a otros grupos de diferentes disciplinas, se les trata como si fuesen una empresa comercial o una tienda, pagando innumerables tasas contributivas.
La Ley de Artes Escénicas y Espectáculos Públicos disminuye los impuestos de renta a los empresarios extranjeros, nunca a los nacionales. Así mismo, impone costosos reglamentos imposibles de cumplir para el pequeño empresario o artista independiente, tales como garantizar infraestructura, ambulancias, bomberos, rutas de evacuación, etc., generándole inversiones desproporcionadas.
Los diferentes Tratados de Libre Comercio favorecen a las empresas extranjeras con aumento de la cuota de pantalla y participación en las sociedades concesionarias de televisión, con estímulos en el cine y con diferentes rebajas fiscales. Se intentan cambiar las reglas de propiedad intelectual y el Plan Nacional de Desarrollo faculta al Estado para ceder sus derechos sobre ella.
Se acordó rechazar la Ley 133 de la Cámara de Representantes ( proyecto de Ley 084 en el Senado), la cual destina el 10% del recaudo de la estampilla pro-cultura para cubrir, inadecuadamente, las pensiones de los trabajadores culturales. Con ella se exime al Estado de su obligación, consignada en la Ley General de Cultura de 1997, de dotar a los artistas y gestores culturales de una pensión equivalente a un salario mínimo mensual. Así mismo se considera necesario conocer los montos acumulados por dicha estampilla y su destinación.
Para poder influir en el cambio de esta trágica situación, los artistas debemos tener una forma de organización que garantice que seamos escuchados. Debido a ello hemos decidido crear la Unidad Nacional de Artistas, UNA. Solo una organización formada por nosotros mismos, será la herramienta capaz de velar por nuestros intereses. Con este primer paso, invitamos a las otras regiones del país, a los colectivos teatrales y, a las demás agrupaciones culturales nacionales y regionales, a unirse en esta lucha por la defensa de nuestros derechos e intereses y por una verdadera cultura nacional.
Armenia (Quindío) mayo 31, de 2015
UNIDAD NACIONAL DE ARTISTAS, UNA



