Home Cultura Álvaro Mutis (1923- 2013)

Murió el sábado 21 de septiembre en ciudad de México, un maestro de las letras y de la vida, el poeta Álvaro Mutis. Perteneciente a la generación de MITO, la revista que bajo la dirección de Jorge Gaitán Durán, desde mediados de los cincuenta se dio a la tarea de renovar el pensamiento crítico en una Colombia adormilada por las sotanas y aterrorizada por la violencia, la obra de Mutis recreó las atmósferas densas, violentas y llenas de vida de la tierra caliente colombiana (lo universal está en la aldea, decía Tolstoi), particularmente del Tolima; indagó con versos viscerales por las angustias del hombre contemporáneo; y narró las aventuras de Maqrol el Gaviero, para quien cada fracaso era el aliciente de una nueva empresa. Como poeta y escritor buceó en la historia, así la tratara con un desdeño  y una ironía, no exentas de buen humor. De esta profunda inmersión emergió Maqrol el Gaviero.

Cuando un escritor crea un personaje como Maqrol el Gaviero –pensemos en Burundún Burandá (El Gran Burundún Burandá ha muerto de Jorge Zalamea), Arturo Cova (La Vorágine de José Eustacio Rivera), el coronel Aureliano Buendía (Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez); en Genoveva Alcocer (La Tejedora de Coronas de Germán Espinosa); en Ursúa (Ursúa de William Ospina) y en Nadie (Las hipótesis de Nadie de Juan Manuel Roca), para mencionar algunos– es evidente que ha calado profundamente la sensibilidad y la historia colectivas, y que al construir ese personaje hace una metáfora y un mito que se convierten en referentes obligados para la comprensión poética de su tiempo. Mutis nos legó a Maqrol y a través de él nos será posible entender las atmósferas, los sueños y los fracasos de gran parte de la historia de Colombia contemporánea.

 

Publicamos un fragmento  del poema “Crónica de un encuentro con Maqrol el Gaviero” dedicado a él por el poeta argentino Enrique Molina[1]:

(…)

¿De qué habló?

Del olor de los eucaliptos,

del vino y sus gemidos de adiós,

de la memoria que torna indeleble un rostro, una ausencia,

un paisaje que cambia de lugar, un día que no acaba nunca de pasar

día tras día, cubierto de sangre y helechos.

 

¿Y su casa?

Se abre hasta el hueso de la tiniebla,

entre la risa de los cafetales, tierna y despótica

como toda presencia amante.

(…)

 

Gustavo Adolfo Quesada Vanegas

gaquesa@cedetrabajo.org



[1] Álvaro Mutis. Poesía y prosa. Instituto Colombiano de Cultura. Biblioteca Básica Colombiana., 1981. pp. 733 y 734.

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