Home Destacados Las inocuas medidas oficiales ante la crisis del sector lácteo

LECHE

A pesar de  la crisis del sector lácteo 2012-13, la más profunda en su historia, la mayoría de los ganaderos colombianos, ante la falta de alternativas, continúan apegados a dicha actividad hasta el punto de continuar creciendo la producción nacional. El consumo, a pesar de la “alharaca oficial” de supuestas sustanciales mejoras en el desempleo y las condiciones económicas de la población, sigue estancado, y la industria, ni con precios históricos elevados, se sintió “persuadida” para suspender las importaciones. Hoy, con valores de la leche  en el mercado internacional en barrena, con importaciones disparadas y con una demanda estancada, cunde la zozobra y el Gobierno con medidas que no hacen mella a las causas del desastre, pretende anestesiar la inconformidad generalizada.

Ni los productores de leche de razas especializadas de las zonas frías de Cundinamarca, Boyacá, Antioquia y Nariño, ni los que están entrampados en el doble propósito (carne y leche) de las zonas bajas de los valles interandinos, o de la Costa Atlántica y los Llanos Orientales, tienen opciones dentro del sector agrícola para cambiar de actividad; además, la producción de carne, como alternativa, también está amenazada: se incrementan las toneladas importadas año tras año al amparo de los tratados de libre comercio (TLC) firmados y los costos de producción, como en la producción de leche, están por encima de cualquiera de nuestros competidores. Quienes no han vendido los hatos, o no se han dedicado a la cría, se aferran a esta actividad a pesar de estar recibiendo hoy el mismo valor por un litro de leche que el que se recibía hace seis años, con un detrimento importante de la rentabilidad. La producción nacional pasó de 6.363 millones de litros en 2010, a 6.717 en 2014. Un crecimiento entre el 1.5% y 2% año tras año, que se explica por el esfuerzo de los ganaderos para mejorar sus fincas y ganados y por el inexorable proceso de concentración, producción empresarial y tecnificación que se ha desarrollado. 6.390 millones de litros en 2011, 6.518 en 2012 y 6.617 en 2013.

Por supuesto que con estos volúmenes de producción se abastece de manera holgada la demanda nacional y los picos de alta oferta por condiciones climáticas compensan la reducción en los veranos de baja producción.

El consumo de leche y productos lácteos no muestra ninguna variación en ese quinquenio: 140 litros/habitante/año, muy por debajo de las recomendaciones nutricionales de la FAO, de 170 litros/habitante/año.

Las cifras son desgarradoras al mirar el consumo por estrato: los estratos 1 y 2, que representan el 45% de la población, tan solo consumen 38 litros/habitante/ año, 105 centímetros cúbicos diarios, es decir, ¡cinco cucharadas soperas!; los estratos 3 y 4 que representan el 45,4% de la población, consumen 89 litros/habitante/año, 247 centímetros cúbicos diarios y los estratos 5 y 6 que son el 9,8% de la población, consumen la cantidad mínima sugerida de los 170 litros.

LECHELos resultados de los ya numerosos TLC firmados por Colombia (Estados Unidos, Unión Europea, Canadá, Chile, Corea del Sur, Panamá, Costa Rica, México, Mercosur, Suiza, Noruega, Islandia ) que nos “ vendieron” con la ingeniosa treta de que inundaríamos con nuestros productos los mercados de los países que los suscribieran, hoy les dan la razón a quienes alertaron desde los mismos inicios de la apertura económica, que ellos solo llevarían a la pérdida del mercado interior y a la destrucción de la producción nacional. El sector lácteo no es la excepción. Las importaciones de derivados lácteos han continuado imparables. Las cerca de 40.000 toneladas nacionalizadas en 2012 con precios a la baja, se redujeron a 16.225 toneladas en 2013 año en que se alcanzaron los precios históricos más altos de los productos lácteos, superando en agosto de ese año, los US$5.100 la tonelada. El año pasado con precios internacionales a la baja de manera continua, ingresaron 27.607 toneladas, pero el más ensordecedor campanazo se recibió con la estrepitosa caída de los precios que han llegado a US$1.550/ tonelada. Ni la acelerada devaluación compensa esta dramática rebaja. Los 8.300 litros requeridos para obtener una tonelada de leche en polvo en el mercado nacional valdrían US$3.400 y si en los cuatro primeros meses de este año ya se han importado 11.500 toneladas, se podría vaticinar que las importaciones en 2015 llegarán a las 40.000 toneladas, cantidad superior a la que causó la gran crisis de 2012.

A las manifestaciones permanentes de los productores a lo largo y ancho del país, de rechazo a las ya conocidas prácticas de las empresas para descargar sobre los hombros de los productores los efectos de la celada el Gobierno, al unísono con las grandes procesadoras, desorientan a la opinión pública y a los productores señalando como causa única del desastre una supuesta “enlechada” por sobreoferta nacional. Nada más distante de la realidad. La sola disminución de cerca del 50% de la producción de la Costa a causa del intenso verano que ha soportado esta región, desmiente la explicación oficial. La “enlechada” sí se presenta, pero causa
da por las masivas importaciones de derivados lácteos realizadas por las multinacionales del sector con las que acrecientan de manera fácil sus dividendos.

Tres medidas ha tomado y explicado el ministro Aurelio Iragorri para, en vano, tratar de conjurar el vendaval y anestesiar a los productores, medidas que hacen parte de la propuesta de política láctea de las industrias del sector representadas por Asoleche y de muy buen recibo por la dirigencia oficial:

1. Compras públicas por 23 mil millones de pesos. Se anuncia con esta medida que se disminuirán los inventarios en poder de las empresas procesadoras, para así poder acopiar toda la leche ofrecida, parte de ella hoy rechazada o dejada de comprar. ¿Realmente se logran disminuir los inventarios con esta medida? ¿Acaso las entidades oficiales a las que se les ofertará no compraban leche? ¿Bienestar Familiar no estaba suministrando una gota de leche en la dieta a sus asistidos? Por supuesto que sí y con la medida lo único que se conseguiría, a lo sumo, es un cambio de proveedor sin lograr disminuir de manera cierta los inventarios. Además, si esta decisión coyuntural fuera real,  lograría adquirir tan solo 15 millones 300 mil litros de leche, menos de la producción nacional de un día que ya hoy está por encima de los 18 millones de litros.

2. Promover el consumo de leche para lo que el Gobierno destinará 4.000 millones de pesos. Asumiendo como argumento válido que el bajo consumo de lácteos se debe al escaso conocimiento de las bondades del alimento, señalemos que, si tenemos en cuenta que una cuña de 30 segundos en televisión en programa de una audiencia media está en $30 millones, lo ofrecido por el Gobierno alcanzaría para 133 cuñas, número por supuesto ridículo para una campaña publicitaria seria. Es evidente que la baja utilización de la leche en la dieta de los colombianos obedece, no a la ignorancia generalizada de su valor nutricional, sino a la precaria situación económica de la población. Los más de 15 millones de compatriotas que viven en la pobreza y los más de 5 en condiciones de extrema pobreza, con  ingresos miserables, no pueden tener acceso a un consumo adecuado de tan importante alimento.

3. Fondo tripartito: De la misma forma como hoy Santos y sus ministros de Hacienda y Minas llenan de gabelas, las exoneran de impuestos y les crean zonas francas a las multinacionales del sector minero-energético para capotear su crisis, el ministro Iragorri va más allá y de manera sagaz, ofrece como salida al sector lácteo la recomendación que Fedesarrollo, oráculo de los áulicos del sistema vigente, hace en el estudio contratado por la ANDI Y ASOLECHE, organizaciones de los industriales: la creación de un Fondo de Fomento a las Exportaciones, apalancado con los impuestos parafiscales, 12.000 millones de pesos de los mismos ganaderos para subsidiar, seguro de manera transitoria, el precio diferencial de la leche que iría para la exportación, leche desplazada por la importada, premiando con un negocio redondo a las grandes procesadoras del ramo, que abultarían sus arcas con las ganancias de las masivas importaciones y con las utilidades de las exportaciones de leche nacional subsidiada. Y lo llama tripartito para hacer creer que las empresas y el Gobierno harían aportes a ese Fondo. Debe ser claro para todos los productores que cualquier peso que salga de la tesorería de estas industrias, sería llevado a los costos de su producto y el “generoso” aporte lo resultarían pagando todos los compatriotas que tienen la posibilidad económica de consumir leche. Y oculta el Ministro, que Fedesarrollo también recomienda, en el trabajo referido, que este Fondo debe recurrir lo menos posible al presupuesto nacional, descargando sobre los productores y consumidores el incremento de los recursos del mismo, como lo plantea el Gobierno en el Proyecto de Ley por el cual se crea el Fondo Nacional de la Leche, en el que se propone elevar el impuesto de 0.75% a 1.5% del valor del litro de leche vendido por los productores. Ni más ni menos que esquilmar sin piedad los ya vacíos bolsillos de los productores para financiarle el lucrativo negocio al puñado de multinacionales que “hacen su agosto”, protegidas con todas las medidas oficiales necesarias.

La indignación es generalizada. A las movilizaciones del pasado mes de junio en Armenia, Tunja y Bosconia se suma la realizada el pasado 27 de julio, por los productores de una de las principales cuencas lecheras del país, la de Ubaté, con  cerca de 700 mil litros diarios de leche de producción, que abarca los municipios de Tausa, Carupa, Cucunubá, Capellanía, Guachetá, Lenguazaque, Susa y Fúquene. Marcharon combativamente por las mismas calles de Bogotá hasta el Ministerio de Agricultura de donde salieron después de escuchar las destempladas e ineficaces propuestas oficiales, decididos a preparar un paro nacional que logre hacer retroceder las políticas que han llevado al sector agropecuario y al lácteo en particular, a su postración.

 

Leave a Reply