La creciente importancia de China
La falsa amenaza china
Todavía en América Latina no se pueden categorizar los avances chinos como un reto fundamental a la hegemonía norteamericana en la región. Las diferencias entre China y Estados Unidos en sus relaciones con América Latina son enormes pero no está demás mencionar algunas: Estados Unidos es el principal inversionista y acreedor, manejando la deuda externa a través del Banco Mundial y el FMI para condicionar las economías domésticas. El coloso del norte, a través de leoninos tratados como el NAFTA, el CAFTA, el TLC con Colombia, y otros, está en proceso de destrozar las economías nacionales de varios países de América Latina, convirtiéndolos en meras colonias. EEUU ocupa el primer lugar, para trece países de América Latina con respecto a importaciones, y es el principal socio comercial, tanto como fuente de importaciones y destino de exportaciones, de México, todo Centroamérica y el Caribe, Colombia y Perú. Estados Unidos controla el Canal de Panamá; mantiene el Comando Sur de sus fuerzas militares enfocado hacia América Latina y la Cuarta Flota en el Caribe; opera bases militares en buena parte de América Latina, donde también campean por la libre los agentes de la DEA y oficinas del FBI; busca reclutar efectivos latinoamericanos para combatir en las guerras coloniales de la OTAN; apoyó el golpe de Estado en Honduras y Paraguay, y otro, fallido, en Venezuela. A pesar de que una serie de gobiernos democráticos en la región han planteado una política de mayor autonomía y se han salido del libreto neoliberal de Washington, lejos está China de siquiera acercarse a esa hegemonía gringa sobre la región.
China en la economía mundial
Con respecto al avance económico chino a nivel mundial y según los análisis del Fondo Monetario Internacional, el primer Producto Bruto Interno como porcentaje del mundial ya no es el estadounidense (16,2%), sino el chino (16,4%). El crecimiento económico de China ha sido descomunal. Nunca en los anales del desarrollo económico se han registrado las décadas de crecimiento del 10% por año o aún superiores que han distinguido a China en los últimos lustros.
Un sinnúmero de otras cifras revela la magnitud del crecimiento de la economía china: es el mayor consumidor de energía de todo el planeta y el mayor productor e importador de acero, cemento y oro. Un ejemplo recientemente anotado: entre 2011 y 2013 China utilizó más cemento que el usado por Estados Unidos en todo el siglo veinte. Los pronósticos indican que el tamaño relativo de la economía china continuará creciendo, y disminuyendo relativamente el de Estados Unidos en los próximos años.
Más allá de esas cifras globales otros indicadores tienen gran relevancia, como la magnitud de numerosas compañías chinas, muchas de ellas estatales. Los analistas que estudian el tamaño de corporaciones utilizan diversas medidas para llegar a sus conclusiones, v.g. ventas, capitalización, etc. Una muy citada es la lista publicada anualmente por la revista de negocios Forbes en Estados Unidos. Su último informe identifica entre las 2.000 empresas más grandes del mundo a 543 norteamericanas, 251 japonesas y, en tercer lugar, 136 chinas. Lo más notable es que tanto el primer lugar como el segundo son ocupados por empresas chinas, curiosamente ambas financieras, siendo la primera el Banco Industrial y Comercial, y la segunda el Banco de Construcción. Otra clasificación muy nombrada es la de la revista Fortune, que incluye a dos empresas petroleras chinas, la Sinopec y la China National Petroleum, entre las veinte corporaciones más grandes del mundo. Tan importantes como esos datos son acontecimientos recientes que subrayan el impacto económico chino a nivel mundial. Por ejemplo, en la reunión de países del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC) que tuvo lugar en Beijing en septiembre de 2014, los 21 miembros decidieron apoyar la creación de la Zona de Libre Comercio Asia-Pacífico, de la cual quedó excluido Estados Unidos, que además fracasó en su búsqueda de un respaldo a su Tratado Transpacífico (TTP). En la misma reunión de la APEC se acordó la creación de un Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura, con sede en Beijing, para promover el desarrollo de los 21 países de la APEC y en particular de los países del Asia Central. Se anunció la firma de un gigantesco convenio de venta de gas natural de Rusia a China, en beneficio para ambos países, y la construcción de ductos de petróleo y gas entre los dos países. En dicha cumbre también se anunció el comienzo de la construcción de una nueva Ruta de la Seda, por tierra y mar. La ruta terrestre consistirá en una compleja red de trenes de alta velocidad, oleoductos y gasoductos, redes de energía eléctrica y comunicaciones que conectarán a China, Rusia, Irán, Turquía y otros países de Asia, vinculándolos directamente con los centros económicos de Europa en Alemania, Holanda y Francia. La nueva Ruta de la Seda terrestre afectará en gran medida el carácter del comercio internacional, el 90% del cual se realiza hoy día a través de buques de contenedores y de transporte marítimo en general. ¡Los trenes de alta velocidad reducirían la travesía de China al centro de Europa de veintiún días a dos! Compañías chinas de todo tipo planean inversiones a lo largo de dicha ruta en varias naciones a lo largo de la ruta. El complemento será una Ruta de Seda Marítima que se enfocaría en desarrollar puertos e infraestructura partiendo del Sur de China, atravesando el Estrecho de Malaca, el Océano Índico y el Mar Rojo, hasta llegar al Mediterráneo europeo.
Al éxito de la cumbre de la APEC se une la consolidación de las relaciones económicas entre los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y la creciente cooperación entre los países de la Organización de Cooperación de Shanghai –una asociación económica, política y militar fundada en 2001, a la cual pertenecen China, Kazakstán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán y en la cual participan en calidad de observadores, India, Pakistán, Irán, Mongolia y Afganistán. Gran parte del éxito de China en sus tratados y relaciones económicas con otros países se debe a que no condiciona sus convenios, al contrario de lo que hace Estados Unidos, que promueve tratados de “libre comercio” como el NAFTA, que le permite inmiscuirse en políticas económicas internas. Poco antes de la reunión de la APEC, China firmó un acuerdo de comercio bilateral con Corea del Sur, mientras que poco después, la cumbre del G-20 en Australia, en la cual se debatió una reforma de las organizaciones internacionales controladas por Estados Unidos, se estancó debido a diferencias entre los participantes.
El enorme volumen de comercio chino, que funciona como una locomotora de la economía mundial, ha llevado a la divisa china, el yuan o reminbi, a amenazar la otrora incólume posición del dólar norteamericano como divisa universal. Hasta hace poco, muchos países tenían que obtener dólares para pagar con ellos las operaciones comerciales entre sí, ya que el sistema del petrodólar obliga a los países a obtener dólares con los cuales cancelar el petróleo. En los últimos meses China ha concluido acuerdos comerciales con Canadá, Qatar y otros países para efectuar sus transacciones directamente en yuanes, sin necesidad de una compra intermedia de dólares. En este sentido, el dominio del dólar comienza a socavarse. El futuro del yuan como divisa global dependerá, hasta cierto punto, del manejo de la tasa de cambio del reminbi por parte de Beijing. Hasta ahora China mantiene una tasa fija de cambio para su moneda, con muy poco margen de fluctuación. Según declaraciones de Beijing, dicho control estatal llegará a su fin dentro de pocos años, permitiendo que la moneda sea completamente “convertible”, o sea que su tasa fluctúe libremente, reflejando la demanda del yuan a nivel global a través de las operaciones del mercado. La ‘convertibilidad’ del yuan será un factor que influirá sobre su posición relativa, como divisa global, con respecto al dólar. Una vez que esto suceda, las relativas posiciones del yuan y el dólar como divisas universales quedarán más claras. Por el momento ya son 24 las naciones que comercian con China directamente en yuanes.
A pesar de su éxito exportador, el crecimiento de China ha dependido en forma creciente del desarrollo de su mercado interno, en potencia el mayor del mundo. El auge de la economía en las últimas décadas ha permitido sacar a cientos de millones de chinos de la pobreza, aunque enormes desigualdades y la polarización social, continúan distinguiendo al país, y no existe el nivel de prosperidad que caracteriza a las ‘clases medias’ de Estados Unidos, Japón y las principales naciones europeas, aunque en ellos también se vive una fuerte polarización social. Debido al manejo ejercido por el aparato estatal, que mantiene en operación planes quinquenales de desarrollo, el Estado chino ha mantenido bajo control el impacto de la inversión extranjera en su mercado. Gran parte de la inversión extranjera ha sido para la producción de artículos de consumo minorista y de manufacturas a bajo costo para exportación.
El comercio chino con todas las regiones del mundo ha avanzado conjuntamente con su desarrollo interno, en gran parte en la medida en que China urge de materias primas para mantener su desarrollo. Por ejemplo, para 2009 China se había convertido en un considerable socio comercial de África, de dónde importa petróleo y otros minerales y materias primas.
Simultáneamente la inversión china fuera de sus fronteras ha avanzado rápidamente. Para el 2014 la inversión china en el exterior comienza a superar su inversión directa doméstica. En este proceso de exportación de capitales también comienza a destacarse la labor de varios bancos de financiación creados para promover los BRICS, APEC, etc. La gran mayoría de exportación de capital chino como inversión directa se dirige a países vecinos de Asia, con los que actualmente ha establecido importantes relaciones económicas, v.g. India, Pakistán y Bangladesh, de los cuales ya China es el principal socio comercial.
En términos relativos, en 2012 la inversión dirigida a países de Asia constituye el 71% de dicha inversión; el segundo lugar le corresponde a América Latina, con sólo el 13%, del que más del 90% es inversión en servicios financieros concentrados en las Islas Vírgenes y Gran Caimán, y una pequeña porción invertida en Brasil (manufacturas), Perú, Venezuela y Argentina. Europa está en el tercer lugar. Estas cifras, absolutas y relativas, cambian rápidamente, ya que recientemente la inversión china en otras regiones, como Alemania, Francia, Holanda y en particular en los antiguos países del bloque socialista de Europa oriental, se ha acelerado vertiginosamente.
Las cifras del 2012 indican que China se había convertido en el segundo importador de productos de América Latina (en su mayoría materias primas y productos agrícolas, v.g. petróleo venezolano y ecuatoriano, soya brasileña) así como el segundo exportador. A mediados de enero Beijing recibió en China a los 33 países de CELAC en una conferencia donde anunció las intenciones de duplicar su comercio e inversiones en América Latina en los próximos diez años.
En sus relaciones con otros países China ha mantenido una postura
de respeto a la soberanía económica de sus socios, buscando negocios sin exigir condicionamientos. Con sus socios latinoamericanos, sus préstamos se han pagado con materias primas, v.g. petróleo en el caso de Venezuela. Tanto en América Latina, como en África, Asia y Europa, la presencia china se viene dando paso a paso, evitando conflictos y confrontaciones. A nivel global China mantiene una posición oficial de avanzar hacia un mundo multipolar.
Claro que en la medida en que su potencia económica se proyecte más a nivel global, Beijing tiende a preocuparse por la protección de sus intereses. Así pues China ha establecido una alianza militar con su socio económico más importante, Rusia. Y también ha incrementado su presupuesto militar, aunque todos los estudiosos del tema coinciden en que los gastos se concentran en medidas defensivas contra la constante amenaza de fuerzas militares norteamericanas en el Pacífico.
El extraordinario crecimiento económico de China tiene una importancia innegable y su papel en la búsqueda de un mundo multipolar, respetuoso de las soberanías nacionales, debe ser juzgado positivamente. Una cosa es que Estados Unidos lo presente como un reto y un desafío a su hegemonía y propagandice el discurso de la “amenaza china”, y otra, más conveniente, sería que los países de América Latina puedan utilizar el contrapeso económico de China como un elemento de contención frente a Estados Unidos en beneficio de sus pueblos





