Editorial: Nubarrones económicos en el mundo y en Colombia
Por: Enrique Daza / @Enriquedaza3
Aunque todos los días los medios de comunicación aseguran que la economía mundial crece y no hay mayores signos de alerta, lo cierto es que existe un ambiente de zozobra y muchas señales que indican que vendrán fuertes turbulencias.
El lunes 24 de agosto fue negro para las bolsas de todo el mundo: la bolsa de Nueva York cerró con pérdidas de 588,47 puntos y desde que China devaluó el yuan, entre el 11 y el 31 de agosto, los mercados bursátiles perdieron cerca de 5 billones de dólares. El petróleo disminuyó a su nivel más bajo en cinco años y las materias primas se desplomaron por esos mismos días al peor nivel de los últimos 15 años.
Las empresas estadounidenses de fraking, que apostaron a precios permanentemente altos del petróleo y se endeudaron a 15 o más años, se enfrentan al hecho de que no es rentable explotar mediante esta modalidad y lo que es peor: si explotaran esas reservas, ellas no durarían más de 5 o 6 años y después no tienen como pagar las deudas.
La anunciada recuperación de la crisis mundial desatada en 2008 es frágil e inestable y los pronósticos de crecimiento del PIB mundial y de Estados Unidos cada vez se ajustan a la baja. Incluso reputados analistas anuncian el estallido de una nueva burbuja especulativa en lo que resta del año.
Los editorialistas de todo el mundo se preocupan por la disminución en el crecimiento de China que pasó del 10% a 7%, pero aún sigue siendo mayor que cualquier economía desarrollada. Esta preocupación sobre China en realidad encubre la falta de soluciones estructurales a la crisis del 2008 y el crecimiento débil en los países desarrollados.
Todas las soluciones que se han aplicado a la crisis desde 2008 consisten en salvar a los bancos privados con dinero del Estado. En España, por ejemplo, la deuda pública en 2014 fue de 400 mil millones contra tres billones de euros en el sector privado. Lo mismo sucedió en Grecia, cuya mayor parte de la deuda es del sector privado, de la cual una buena parte corresponde a bancos alemanes y franceses. Los planes de rescate para este país desde 2010 han consistido en garantizar que se sigan realizando los desembolsos al sector financiero privado y de paso implementar nuevas políticas de austeridad, buscando una falsa competitividad bajando los salarios. De esta forma, la crisis recae sobre la población y no sobre quienes la causaron.
El crecimiento de la economía mundial sigue basándose en la liberalización financiera y en el hecho de que crecen mucho más los mercados de dinero que los mercados de mercancías. El crecimiento financiero continúa distanciado del fortalecimiento de la economía real. Así, lo previsible es una guerra especulativa en la cual el papel del sector financiero mundial siga creciendo mucho más que la masa de mercancías que se producen y lo que veremos es una competencia encarnizada de los grupos financieros por devorarse unos a otros.
Los ecos de la crisis de 2008 que exigían un replanteamiento de la arquitectura económica mundial se mantienen y la feroz guerra de Estados Unidos por preservar su moneda como principal divisa internacional, lo han llevado a destrozar Libia y Siria y tratar de contener a China. La economía norteamericana dista de ser la locomotora de la economía mundial y en su seno se anidaron serias debilidades patentes en las quiebras de Detroit, de Chicago, y en el aumento de la pobreza. La tasa de desempleo en Estados Unidos, aunque ha disminuido, sigue muy alta (6,20%). De los ocho millones de empleos que se perdieron durante la crisis financiera global de 2008, además de los tres millones de empleos que dejaron de crearse, solo se han recuperado tres millones.
El ingreso de los estadounidenses aún no regresa a los niveles previos a la crisis, y al mismo tiempo el consumo crece por debajo del ingreso. Por eso los consumidores tienen miedo de que la economía vuelva a caer. Los inventarios manufactureros se están agotando, lo que habla también de una falta de confianza entre los productores.
A Colombia hubiera podido irle peor durante la crisis que comenzó en Estados Unidos a finales de 2007. Se alivió por el aumento en los precios del petróleo y otras materias primas. Las políticas neoliberales llevaron a debilitar las industrias nacionales en beneficio de las grandes cadenas de valor manejadas por las multinacionales y a debilitar la posición de los trabajadores del mundo, nivelando sus ingresos por lo bajo y promoviendo una economía global con más liberalización de los flujos de comercio y de inversión, tal como se pretende en el Tratado Transatlántico, en el Tratado Transpacífico y en el TISA (Acuerdo en Comercio de Servicios).
Lo cierto es que a las puertas de una nueva crisis, Colombia se encuentra en su peor capacidad de reacción. La ilusión de ser más competitivos por causa de la devaluación, se verá frustrada por la falta de una oferta exportable y el abandono del mercado interno.
Las soluciones que el gobierno está planteando ante una crisis nacional e internacional ya en marcha, lo único que reflejan es una adaptación dócil a los designios del capital financiero internacional, planes de austeridad como la reforma al régimen pensional, aumentando la edad de jubilación, los recortes presupuestales, la disminución de la protección a la producción autóctona, la suscripción de nuevos TLC (como el de Japón), mayor endeudamiento y más ventajas para los inversionistas extranjeros, especialmente la inversión especulativa y minera.
Ante el negro panorama de la sociedad, convulsionada por la crisis en salud y educación, déficit comercial, déficit presupuestal, aumento en la informalidad del empleo y deterioro de la producción agraria e industrial, afortunadamente crecen las voces que plantean que Colombia sí tiene arreglo recurriendo a un cambio en el modelo económico. La situación ha llevado incluso a que empresarios y trabajadores hagan causa común en la defensa de las empresas, como sucede en el caso del azúcar y en el debate sobre el TLC con Corea.



