Home Ciencia ¿Qué tan lejos podríamos ver en el cosmos?

Vemos las cosas porque la luz choca contra ellas y luego viaja hasta nuestros ojos. La luz tiene una velocidad finita: por cada segundo recorre una distancia de 300.000 kilómetros. Desde la pantalla de su computador gasta millonésimas de segundo, desde la luna algo así como un segundo, desde el sol unos ocho minutos, desde la galaxia Andrómeda 2,5 millones de años y en la medida que miremos más lejos, más tiempo empleará en llegar hasta la retina del observador.

Hasta Galileo Galilei los astrónomos de todas las culturas observaron y estudiaron los objetos celestes a simple vista. La invención y el continuo perfeccionamiento técnico del telescopio permitieron la recolección de luz cada vez más antigua y los astrónomos tuvieron la posibilidad de observar más y más lejos en la profundidad del universo. Por más potente que sea un telescopio, la luz, hecha de unas partículas llamadas fotones, nunca podrá mostrarnos toda la historia del cosmos.

En los primeros cientos de miles de años, tras la gran explosión que marca el inicio del universo, los fotones se encontraban confinados en una espesa sopa de partículas subatómicas y no había posibilidad de que la luz se propagara: luz y materia estaban acopladas. 380.000 años después del big bang, la luz se separó de la materia y el universo se hizo transparente. Ese primer destello se conoce como Fondo Cósmico de Microondas y constituye una barrera temporal más allá de la cual solo hay oscuridad.

¿Estamos entonces condenados a no poder observar tras ese muro cósmico? Por ahora sí; pero en un futuro cercano, no. Para hacerlo, los astrónomos recurrirán a un fenómeno tan cotidiano como el lumínico: la gravedad. Las ecuaciones de la teoría general de la relatividad de Einstein predecían la existencia de un tipo especial de ondas: las gravitacionales. Así como una piedra que cae en un estanque provoca ondas sobre su superficie, el movimiento a gran velocidad de objetos pesados genera perturbaciones en forma de ondas gravitacionales en el entramado del espacio-tiempo que se desplazan a la velocidad de la luz. Su existencia ha sido demostrada de manera indirecta y detectarlas requiere la construcción de una nueva forma de telescopio. Con este artilugio podríamos observar las primeras fracciones de segundo tras el nacimiento del universo. Sería un maravilloso salto cualitativo y cuantitativo para todo el conocimiento científico.

Guillermo Guevara Pardo

guillega28@gmail.com

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