Un nuevo viento viene desde el sur de Europa
Héctor Hernán Díaz Guevara: Historiador, Universidad Industrial de Santander. Estudiante de maestría en Enseñanza de la Historia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; Morelia, México
No recuerdo con exactitud cuándo fue la última vez que un proceso electoral en un país desindustrializado y endeudado como Grecia llamó tanto la atención del mundo; quizá tendríamos que remontarnos varias décadas atrás, para poder encontrar un punto de comparación que nos permita establecer paralelos, continuidades en la euforia y una explicación para el miedo que se respira en los principales titulares de los periódicos europeos desde las semanas previas al 25 de enero de este año y que no han mermado su ofensiva contra el nuevo gobierno encabezado por Alexis Tsipras en Atenas, primer ministro del país helénico y cabeza visible de la Coalición de Izquierda Radical Syriza, victoriosa en los comicios celebrados ese día.
Cuando el resultado de las elecciones era ya inminente, las amenazas comenzaron a llover, de parte de la llamada Troika conformada por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea –encargada de hacer cumplir los acuerdos de los dos anteriores–, decisiones que son la cartilla básica del neoliberalismo que tanto daño ha hecho a los países periféricos en las últimas dos décadas largas, en Grecia casi cumplen su objetivo, pues de seguir las recomendaciones del FMI y los lineamientos de la OCDE quedaron con una deuda gigantesca, impagable, que impuso condiciones de pago oprobiosas para la débil economía del país; también se aplicaron altísimos impuestos regresivos que costearían las clases medias y exenciones tributarias a los más ricos; apertura económica con apertura del mercado interno a productos extranjeros y desprotección de la producción nacional y finalmente una política de austeridad –como fríamente se llama– al desentendimiento de parte del Estado de sus obligaciones sociales y económicas. Y como si esto fuera poco, Grecia se había visto sometida monetariamente desde el 1 de enero de 2002 al dejar el Dracma, su moneda nacional por el Euro, entregando su soberanía cambiaria a los designios del Banco Central Europeo, igual que hicieron sus vecinos mediterráneos: España e Italia, menos industrializados que sus vecinos del Norte, más industrializados y con economías más fuertes, lo que me lleva a afirmar que las reales intenciones de imponer una moneda común a países que como Grecia no cumplían las condiciones mínimas de ingreso para entrar en la zona Euro, no eran otras que someterlos a la dependencia de las mercancías y créditos para adquirir bienes de consumo e impedir el desarrollo de bienes de capital, llegando a convertirse el Euro en una nueva herramienta de sujeción a los intereses de quienes otorgan los salvamentos, que en la actualidad sirven básicamente para pagar intereses de una deuda que bordea el 170% del Producto Interno Bruto del país helénico.
Es contra este orden de cosas que el pueblo griego se levantó en las últimas elecciones parlamentarias, dando un giro a la izquierda -por la vía democrática- a diferencia de los países del norte de Europa que ven levantamientos de partidos de extrema derecha, antiinmigrantes y xenófobos que recuerdan las horas más oscuras del siglo XX. Tsipras y su coalición ven en el rescate de la soberanía una herramienta necesaria para cambiar la paupérrima situación de su país que arroja ci
fras rojas en casi todos los campos dentro de las que resalta la escandalosa situación de que 1 de cada 3 hogares se enfrentan a situaciones de pobreza1. El miedo que genera SYRIZA tiene que ser entendido en este contexto y es frente a la posibilidad de ver un país soberano levantarse dentro del manso rebaño de la Unión Europea y alterar un orden de cosas muy favorable al gran capital, principalmente alemán2, y al papel político que desempeña la Unión Europea en el plano político: alineada incondicionalmente al lado de los Estados Unidos respaldando con sus ejércitos en la OTAN el intervencionismo de Washington en Ucrania o en Oriente Próximo.
Un ejemplo de la incomodidad que representa el nuevo gobierno helénico lo pudimos ver hace un par de días cuando dentro del último paquete de sanciones a Rusia impuesto por la UE en el que se rezaba una supuesta unanimidad de los países miembros para apoyar el bloqueo contra Rusia, decisión en la que se firma el apoyo de Grecia sobre el cual nunca se preguntó a Atenas –situación que parece importarle muy poco a Bruselas– La reacción no se hizo esperar: Yanis Varoufakis, ministro de economía, tal vez fue quien mejor sintetizó el malestar por este nuevo paquete de medidas en el que dejando de lado si se respalda o no a Moscú o a Kiev resalta el hecho de que no se consulte a los países de la Unión Europea sobre si están de acuerdo o no acerca de las medidas, y se da por sentada la posición de los países sin siquiera darles el derecho a pronunciarse; es con esto que Varoufakis está poniendo el acento en donde es: la cuestión de la soberanía.
Y la pregunta que no falta ¿soberanía para qué? Para cambiar la economía, y desde allí afrontar al resto de problemas. Aunque aún es muy prematuro para hacer siquiera un balance del impacto del nuevo gobierno en Grecia es pertinente mencionar algunas de las medidas tomadas por el ejecutivo: paro en la ejecución de las privatizaciones de puertos y aeropuertos así como el empoderamiento de Estado en sectores estratégicos como la energía eléctrica; alza de los salarios a más de setecientos euros –el nivel anterior a la crisis del 2009–; la eliminación del cobro por consulta médica a los ciudadanos y la puesta en debate de la eliminación de los campos de reclusión de inmigrantes indocumentados3, en su mayoría musulmanes procedentes de los Balcanes y del norte de África, que usualmente son usados como chivos expiatorios por parte de los anteriores gobiernos de derechas achacándoles la responsabilidad de la crisis.
Ahora, como consecuencia de las particularidades del atomizado electorado griego y su intrincado sistema de elecciones y pese al gran resultado de Syriza, esta coalición de izquierdas no logró la mayoría absoluta, y la resolución de aliarse para formar gobierno con un partido nacionalista, de derechas, no dejó de levantar polvareda entre algunos sectores ¿esto significó acaso un retroceso para Tsipras? Por el contrario – lo que esto demuestra es la capacidad de formar gobierno señalando la que representa la contradicción principal para el pueblo griego: la troika y sus políticas de austeridad que amenazan a la democracia destruyendo el tejido social y reflejando un fuerte descontento en protestas que dieron la vuelta al mundo y que todos vimos sin entender al principio muy bien de qué se trataba todo esto y que Syriza supo catalizar en las urnas en enero pasado.
El pueblo griego con estas elecciones ha dado una lección al mundo, ha dicho no queremos más austeridad, queremos concordancia con los pueblos, ha derrotado a los partidos de corte fascista en Grecia y ha comenzado a deslindarse del poder fáctico ejercido desde Bruselas, Berlín y Washington, la nueva troika que por más amenazas que han lanzado sobre el empobrecido país no lograron imponer el miedo a los electores y salieron a construir una nueva oportunidad para todos aquellos pueblos que quieren tomar la soberanía por sus manos y poder decidir su propio futuro.
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1. El 93,7 % de los hogares sufrió una reducción drástica de sus ingresos desde el inicio de la crisis hace seis años. El 42,5 % de los hogares estiman que en 2015 no podrán afrontar sus gastos corrientes y un 35,4 % creen que no podrán pagar sus impuestos. Para el 52 % de los hogares la fuente principal de ingresos es una pensión, y en el 35,9 % hay al menos un desempleado (en 2013 eran un 36,4 %). Tomado de: http://www.portafolio.co/internacional/situacion-pobreza-grecia.
2. Alemania es el país cuyos bancos tienen el mayor porcentaje de dinero invertido en los pagos en Euros de deuda griega, en préstamos otorgados a través de instituciones como la estatal germana KFW, quienes han invertido el dinero del contribuyente en los rescates dirigidos a través de la Troika, siendo dueños los banqueros alemanes del 55,5% de la deuda europea en Grecia. Tomado de: http://www.elconfidencial.com/mercados/inversion/2015-01-07/la-banca-alemana-es-la-que-menos-harebajado-su-exposicion-a-grecia-de-europa_616651/
3. http://www.ekathimerini.com/4dcgi/_w_articles_wsite1_1_17/02/2015_547393