El creciente militarismo de Estados Unidos
Desde hace décadas Estados Unidos se ha mantenido como la suprema potencia militar del mundo, con un gigantesco presupuesto de “defensa”, bases regadas por todo el mundo y frecuentes acciones bélicas en diversas regiones. En años recientes, en particular bajo el gobierno de Barack Obama, se ha producido un notable incremento de actividades militares directas o indirectas por parte de Estados Unidos. ¿Cómo entender ese incremento y esa agudización de las actividades militares?
La respuesta consta de dos aspectos fundamentales. Primero, que luego de la desaparición de la Unión Soviética, principal adversario de Estados Unidos durante la “Guerra Fría”, la política de Washington se enfocó en no permitir, de ninguna manera, el surgimiento de una potencia, ni siquiera regional, que interfiriera con un mundo unipolar dirigido por USA. Dicha política ha permanecido vigente durante los gobiernos de Bush (hijo) y de Barack Obama. Durante el gobierno del primero se inventó la “guerra preventiva” como excusa para acciones militares. La idea de mantener a toda costa un mundo unipolar dominado por la potencia norteamericana explica en buena parte la conducta militarista de Estados Unidos en los últimos años.
Pero hay otro aspecto que nos ayuda a entender la postura guerrerista de Estados Unidos: A medida que la economía de Estados Unidos se transformó en un capitalismo dominado por monopolios financieros e industriales con tentáculos por todo el mundo a principios del siglo veinte, su gobierno, que responde a esos grandes poderes económicos, se proyectó militarmente por todo el planeta. Las inversiones norteamericanas y las vías marítimas necesarias para sus negocios comerciales quedaron protegidas de esa forma. La proyección militar le sirve también para denegar a otros países el acceso a recursos y facilidades comerciales.
Esta relación de la economía con la política en el exterior, de USA ha evolucionado tanto cuanto los gastos militares se hacen cada vez más necesarios para la retro-alimentación de la economía, convirtiéndose en un círculo vicioso: la militarización que al principio fungía como instrumento de defensa de intereses en el exterior ha crecido al punto de que la economía interna no puede funcionar sino en estado casi de guerra permanente.
Con la Guerra de Iraq lanzada en 2003, Bush le dio un impulso a la economía que venía resquebrajándose. Dadas las condiciones de debilidad que se mantienen todavía, ya que la economía no se ha recobrado de manera fuerte después de la Gran Recesión de 2008, es imperativo para Obama –y para los que le siguen– mantener y aumentar el gasto militar, como única forma de gasto público que recibe el beneplácito de ambos partidos políticos.
Además entender que el complejo militar industrial de EE.UU. no es únicamente un generador de armamentos y tecnología bélica –vendidos al público como necesarios para la “seguridad nacional”—sino que también constituye el núcleo del sector dinámico de toda la economía. Si por un lado, la industria de “defensa” está dedicada a la producción de misiles, bombarderos, destructores, portaaviones, sistemas de comunicación, etc. que le permiten al imperio librar guerras de conquista, controlar recursos y extender su poder a nivel global, por otro, lo que se desarrolla median te el vasto embudo tributario del Pentágono representa la tecnología más importante e innovadora de la sociedad moderna y tiene aplicaciones mucho más allá de los objetivos militares.
Por ejemplo, el Internet fue desarrollado por el Departamento de Defensa 35 años antes de convertirse en una tecnología rentable, que luego, en los años 90 sería entregada a empresas privadas. En general, lo mismo sucede con respecto a la automación, la aviónica, la computación, los satélites y otros componentes de alta tecnología, que se desarrolla dentro del sector público de la economía porque a una empresa privada le costaría demasiado hacerlo y terminaría en la bancarrota. Entonces, en términos económicos el Pentágono sirve un doble propósito: como mecanismo para el desarrollo de alta tecnología en Estados Unidos y como embudo para canalizar fondos públicos a arcas privadas. Basten algunas cifras para reflejar la cantidad de dinero involucrada en el sistema: en el año fiscal 2014, el Departamento de Defensa otorgó unos 239 mil de millones de dólares en contratos de “defensa”. La empresa Lockheed Martin, por ejemplo, recibió unos $22 mil millones en contratos, Boeing $15, General Dynamics $12.4, Raytheon $10.5, Northrup Grumman $8.1 mil millones, etc.
Las encuestas de opinión pública indican con frecuencia que el pueblo norteamericano desea una reducción en el gasto militar y prefiere los gastos en infraestructura, transporte público, educación y salud, por ejemplo. De hecho, el pueblo quiere una reducción en casi todos los sectores del estamento militar, pero uno de los principales obstáculos en este sentido es el “triángulo de hierro”, término que ha sido utilizado para describir una relación tripartita entre un grupo de interés privado, una agencia del gobierno y un comité del Congreso, relación en la cual cada uno de los intereses particulares solicita la colaboración del otro para el beneficio mutuo. El triángulo de hierro del complejo militar-industrial consta de legisladores del Congreso, empresas privadas como las ya mencionadas, y departamentos o agencias del Gobierno federal como, por ejemplo, los de Defensa, Energía, Seguridad Interior y la NASA. A los legisladores les conviene facilitar el negocio, apropiando los fondos federales necesarios, porque los contratos concedidos crean puestos de empleo bien remunerados en sus distritos y atraen contribuciones financieras de las empresas beneficiadas para la campaña electoral de
los congresistas, que se vuelven cada vez más costosas. A miles de empresas les interesa, por su parte, ganar los jugosos contratos federales, que además, suelen pagar en sobrecostos más de lo previsto en el contrato original. Y por último, al Departamento de Defensa le interesa solicitar las apropiaciones en el Congreso no solamente para poder desarrollar y producir sistemas de armas para mejorar o aumentar su arsenal, sino también porque el poder relativo del Pentágono entre los otros departamentos y dependencias de Washington se determina en gran parte por el tamaño de su presupuesto.
La compleja red de integración entre el Congreso, el Gobierno y los conglomerados financieros e industriales nos permite entender por qué la elección de uno u otro político (i.e. Bush u Obama) de los dos partidos dominantes (que, financiados por las grandes empresas, monopolizan el poder político a nivel nacional), no ha cambiado en lo fundamental la política internacional de los Estados Unidos, una política inseparable de la esencia de la economía.
En el pasado reciente Estados Unidos ha visto su postura hegemónica peligrar: el crecimiento económico de China, el resurgimiento y fortalecimiento de Rusia bajo Putin, los BRICS, y hasta en su mismo patio trasero la aparición de gobiernos con ansias de independencia del control estadounidense. Todo parece indicar que la reciente agresividad responde a la meta de mantener su supremacía a como dé lugar; y también como una consecuencia de la transformación de la economía de Estados Unidos en una economía de guerra, que se viene configurando desde la Segunda Guerra Mundial.
La actual ofensiva militar de Estados Unidos
En los últimos años la potencia norteamericana, ha incrementado el número de sus bases militares en el planeta, de unas 400 en 1955 a más de 1,000.
Hasta 1999 no había en América Latina tropas norteamericanas permanentes, a excepción de Guantánamo. Ahora las hay por todas partes. En la actualidad USA mantiene en América Latina 30 Sitios de Operaciones Avanzadas (FOL, por sus siglas en inglés) en 17 países, incluyendo Colombia, Honduras, Panamá, Curazao, Perú y Paraguay. Tropas de infantería de marina norteamericana han establecido bases en Honduras y Perú.
La Cuarta Flota, desactivada poco después del fin de la segunda Guerra Mundial, volvió a activarse en el Mar Caribe. Mantiene activos programas para “desestabilizar” gobiernos en Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Para África Estados Unidos establece el AFRICOM, el Comando África, dirigido desde Alemania, con bases de avanzada en Senegal, Ghana y Gabón, otras bases FOL en 11 sitios en total, y una base de grandes dimensiones en Djibouti (Yibuti), en el Cuerno de África.
En el Medio Oriente Estados Unidos invadió Iraq en 2003 y permanece involucrado en ese país. Igual permanece en Afganistán donde inició su “guerra contra el terror” hace ya 15 años.
En Siria, Estados Unidos (la CIA) ha suministrado armas a los opositores del gobierno de Assad de manera encubierta; su aliado, Turquía lo hace abiertamente, ayudando a los soldados del Califato Islámico. Estados Unidos ha prestado apoyo a cualquiera que se opusiera al gobierno secular de Siria, casi todos fundamentalistas islámicos; estos a su vez encontraron ayuda en los miles y miles de militares desempleados por USA al disolver el ejército de Saddam Hussein. USA apoya al Estado Islámico si ataca a Assad, pero igual combate a los islámicos en la medida que el califato trata de apoderarse de Iraq.
En Europa, Estados Unidos organizó un golpe de Estado en Ucrania derrocando al gobierno constitucional y estableciendo un régimen en Kiev al que apoya con armas, pertrechos y consejeros.
USA mantiene “tanteos” provocadores muy cerca del territorio ruso, en el Este de Europa, en el Báltico, el Mar Negro y en el Ártico. Envía aviones y buques de guerra a patrullar justo en los límites de las zonas rusas, dando lugar a tensiones. Hace poco Estados Unidos lanzó el mayor despliegue militar en el este de Europa desde 1989 y planea poner, en bases militares del Este de Europa, armamento pesado listo para ser empleado.
Con relación a China, USA interviene en el desacuerdo entre países vecinos sobre cómo definir el control de zonas marítimas y de unas islas en el Mar de China Meridional. China, Vietnam, Filipinas y los demás países buscan resolver el problema mediante arreglos diplomáticos. Hace poco China decidió expandir el área de unos atolones que le pertenecen, sobre los cuales no hay ninguna disputa, añadiendo rocas y área para construir una pista de aterrizaje. Aunque China está en todo su derecho, y dicha actividad no está prohibida por ninguna ley internacional, de inmediato USA destacó navíos de guerra y aviones en la zona, puso el grito en el cielo acusando a China de desestabilizar la región y de actuar de manera amenazante con sus vecinos.
Estados Unidos ha desarrollado y mantiene un nefasto programa de espionaje cibernético que utiliza contra Brasil, y hasta contra “aliados” como Alemania y Francia.
Aun las actividades “diplomáticas” de Estados Unidos tienen un cariz agresivo como es la nueva política hacia Cuba, diseñada para obtener un “cambio de régimen” por otras vías, y el esfuerzo por desarmar a Irán.
Drones
En los últimos años Estados Unidos ha desarrollado más profundamente la capacidad de los vehículos aéreos no tripulados o drones. Esta nueva arma, que ha sido comparada con bombardeos de video juegos, sirve para matar a supuestos terroristas con enormes “bajas colaterales”. Operando desde bases en Estados Unidos 24 horas al día, los drones facilitan una política de asesinatos selectivos a larga distancia. Entre 2004 y 2008 Bush lanzó 49 ataques con drones en total, mientras que, entre 2009 y 2015, Obama lanzó 361 sólo en Pakistán.
El uso de los drones por parte de EE.UU. ha sido muy problemático desde el punto de vista del derecho internacional, porque el gobierno no entrega al público información sobre quiénes son los objetivos de los ataques, ni sobre las tantas bajas y víctimas civiles, y ni siquiera las divulga después de los ataques. Raras veces reconoce ataques específicos, solo cuando algún objetivo de alto perfil es asesinado, y casi nunca responde a las denuncias sobre la muerte de civiles. Toda esa información se mantiene clasificada, con la excepción de los casos en que algún oficial de inteligencia hace comentarios extraoficiales o anónimos a la prensa. Los intentos de llevar casos a los tribunales norteamericanos han tenido poco éxito. En 2014 un juez federal, desestimando un caso, cedió a la autoridad de la rama ejecutiva para que esta siguiera decidiendo quiénes morirían en este tipo de ataque.







[…] Este triángulo del complejo militar-industrial se integra por legisladores, empresas privadas y departamentos o agencias del Gobierno federal (Defensa, Energía, Seguridad Interior y la NASA). Sus negociaciones son meramente comerciales y de ganar-ganar. Allí se define –hasta ahora- la política internacional de E.U., inseparable de la importancia de la economía, que adquiere características de guerra. Ver: https://deslinde.co/el- creciente-militarismo-de- estados-unidos/ […]