Home Destacados Las protestas en Hong Kong

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Juan Pablo Arango, Subdirector de Deslinde

Contexto histórico

En el siglo XIX, para penetrar en China, los ingleses recurrieron al comercio del opio. Cuando las autoridades locales confiscaron y quemaron el opio almacenado en Cantón, las tropas británicas intervinieron obligando al gobierno a firmar en 1842 el Tratado de Nankín, en virtud del cual China cedió Hong Kong a Gran Bretaña. A partir de ese momento, los monopolios anglosajones impusieron un sistema de segregación racial que excluía a los chinos de los barrios de Hong Kong habitados por los británicos y reprimieron huelgas y rebeliones de manera extremadamente violenta. Tras 156 años de dominio colonial, en 1997 el Reino Unido finalmente devolvió a China la administración de la isla de Hong Kong y del distrito vecino de Kowloon, posición que mantuvieron hasta la segunda mitad del siglo XX. Mientras la China comunista progresaba bajo la mano firme de Mao, Hong Kong (con 7,2 millones de habitantes, mientras que en el resto de China conviven 1.300 millones de personas) experimentaba un auge capitalista con el florecimiento de la banca y la venta de bienes raíces como banderas principales.

Hong 1Las negociaciones con los británicos, que se prolongaron por dos décadas, terminaron con la Declaración Conjunta firmada el 19 de diciembre de 1984 por la primera ministra Margaret Thatcher y el líder Deng Xiaoping, en las que se establecía que los mencionados territorios serían devueltos el 30 de junio de 1997, bajo el régimen de Región Administrativa Especial. Según el estatuto de colonia británica atribuido a Hong Kong, no existió sufragio universal antes de 1991. En 1985 se puso en marcha un sistema de elección indirecta para el Consejo Legislativo de la ciudad y en 1998 se organizaron elecciones con sufragio universal para determinar la composición de una parte del legislativo local, asunto que en el resto de China es facultad exclusiva del Partido Comunista. El estatus de región administrativa especial permite que el gobierno regional, cuyo máximo mandatario es un representante ejecutivo, promulgue sus propias leyes orgánicas, gozando de un alto grado de autonomía, mucho mayor que el del resto de subdivisiones administrativas chinas, aunque permaneciendo bajo control del Gobierno Popular Central. Es así como Hong Kong tiene un régimen político, administrativo y judicial al margen del chino asentado en un sistema capitalista denominado Un país, dos sistemas (ideado por Deng Xiaoping), poseyendo su propio sistema de aduanas y fronteras externas, siendo calificado por los think tanks liberales como la economía más “libre” a escala mundial. Como puerta comercial de China, Hong Kong es el décimo exportador mundial de todo tipo de mercancías y el décimo primero de servicios comerciales, recibiendo cada año más de 50 millones de turistas, entre ellos 35 millones de chinos.

La revolución de los paraguas

Las protestas comenzadas el 22 de septiembre de 2014 en Hong Kong, fueron bautizadas por la prensa occidental con el nombre de Revolución de los Paraguas (haciendo referencia a los paraguas utilizados por los manifestantes para defenderse de los gases lacrimógenos utilizados para reprimir la movilización del 28 de septiembre) o Primavera Asiática, cabiendo anotar que en ellas la policía no ejerció una represión brutal, como la desplegada por la francesa, alemana, griega, italiana (Génova en 2001), española (15M) o estadounidense (Ferguson, Nueva York y demás lugares de discriminación racial policiva en 2014).

El 31 de agosto de 2014 el gobierno chino había emitido una resolución limitando quién podía ser candidato a las elecciones en Hong Kong, como las previstas para 2017, estableciendo un comité compuesto por 1200 personas para nominar de dos a tres candidatos, cada uno de los cuales debe recibir el apoyo de más de la mitad de los miembros del comité. Ello fue criticado por algunos grupos, como el movimiento estudiantil Scholarism y el Occupy Central with Love and Peace. Los principales organizadores de este último eran Benny Tai, profesor de derecho, Chan Kin-man, profesor de sociología, y Chu Yiu-ming, ministro eclesiástico. A su vez, Joshua Wong fundó Scholarism, reprochando el sistema educativo impuesto desde China continental.

A finales de septiembre, siete policías fueron detenidos por su presunta implicación en el caso de violencia contra uno de los manifestantes. Sin embargo, Pekín no cedió ante las exigencias de los manifestantes por ser consciente del hastío que su movimiento suscitaba entre gran parte de los siete millones de hongkoneses, decidiendo dejar que el movimiento se agotara por sí mismo. Aunque muchos advirtieron que podía haber problemas, el presidente chino Xi Jinping dejó claro que prefería tomar el riesgo de reprimir a los manifestantes, en vez de dar lugar al surgimiento de un líder local legitimado y con peso real. El presidente chino ha dicho en algunas ocasiones que la caída de la Unión Soviética se debió a que nadie tuvo las “agallas de sacar la cara por el sistema”. Si China dejara impunes las protestas de Hong Kong, otras regiones como el Tíbet o Macao podrían crearle más problemas.

La policía disolvió en diciembre 15 el último reducto de manifestaciones, deteniendo a 17 personas. Fue la tercera operación policial en menos de un mes para acabar con los campamentos callejeros de protesta. El despliegue policial tuvo lugar en el distrito de Causeway Bay, donde un pequeño reducto de apenas 50 personas subsistía desde finales del mes de septiembre. El viernes 19 de diciembre también se desalojaron cerca de 20 tiendas de campaña que aún permanecían a las puertas del edifico del Parlamento de Hong Kong. Dicha operación policial, que transcurrió pacíficamente, concluyó con la detención de más de 200 manifestantes.

Intervención extranjera

El 1 de octubre, el presidente Barak Obama se reunió con el ministro exterior chino, Wang Yi, expresándole que estaba siguiendo el desarrollo de las protestas en Hong Kong. Según la Casa Blanca, “Estado Unidos ha apoyado el sistema abierto, que es importante para la estabilidad y la propiedad de Hong Kong”. El miércoles anterior, el secretario de Estados John Kerry, había dicho que EEUU cree que Hong Kong debe tener “el más alto nivel posible de autonomía”, instando a que las autoridades fueran moderadas. Wang, por su parte, fue enfático afirmando que las protestas son “asuntos interiores de China” y otros países deben respetar su soberanía.

A su vez, el ministerio exterior del Reino Unido publicó una declaración expresando que “la posición del Reino Unido sobre Hong Kong desde hace mucho tiempo es que su prosperidad y seguridad están sujetas al ejercicio de derechos y libertades fundamentales, incluyendo el derecho de manifestarse” y que “es muy importante que Hong Kong preserve estos derechos y que la población los ejerza conforme a la ley.” Frente a ello, Hua Chunying, portavoz del ministerio exterior, reiteró que “el asunto de Hong Kong es puramente interno. Nos oponemos firmemente al apoyo de cualquier país en actividades ilegales, como la de Occupy Central.”

Este tipo de intervenciones rei tera el temor tantas veces expresado por la comunidad internacional de que esas protestas sean promovidas, como en otras partes del mundo, por los intereses de potencias foráneas (sobre todo de EEUU, la más poderosa) para desestabilizar países que rivalicen o entorpezcan sus ambiciones geopolíticas.

El movimiento estudiantil de la Revolución de los Paraguas se compone de jóvenes provenientes, en su mayoría, de las clases sociales favorecidas por el crecimiento económico. ¿Por qué los mismos medios de prensa que hacen caso omiso de los cientos de millones de personas que a nivel mundial están inmersos en condiciones mucho peores, de verdadera violación de los derechos humanos, han convertido en íconos mundiales de lucha por la democracia a unos cuantos miles de estudiantes de Hong Kong?

Todo un cúmulo de documentos demuestra que los inspiradores y cabecillas de lo que ha dado en llamarse «un movimiento sin líder» están vinculados al Departamento de Estado y sus dependencias conocidas como organizaciones no gubernamentales, principalmente la National Endowment for Democracy (NED) y su filial demócrata, el Instituto Nacional Demócrata de Asuntos Internacionales (NDI, siglas en inglés), que disponen de abundante fondos para el financiamiento de “grupos democráticos no gubernamentales” en un centenar de países. Por ejemplo, Benny Tai, el profesor de Hong Kong que inició el movimiento Occupy Central, adquirió su influencia gracias a una serie de foros financiados por las ya mencionadas ONG; Martin Lee, fundador del Partido Demócrata de Hong Kong, fue enviado a Washington por la NED y el vicepresidente Joe Biden lo recibió en la Casa Blanca, y Joshua Wong, fundador de Scholarism, recibió US $460.000 en 2012 del gobierno estadounidense a través de la fundación National Democratic Institute for International Affairs.

De tales hechos y muchos otros se desprende que existe una estrategia similar a la de las «revoluciones de colores» acaecidas en el este de Europa que, manipulando al movimiento estudiantil, trata de hacer que Hong Kong sea ingobernable y favorecer movimientos análogos en otras regiones de China donde existen minorías nacionales.

Referencias

Wikipedia. Noviembre 24, 2014, 12:30 M.
El Tiempo . Noviembre 27, 2014. Pág. 12.
El Tiempo . Septiembre 30, 2014.
Semana . Octubre 28, 2014.
Carrie Gracie BBC, Pekín. Septiembre 29, 2014.
Charles-André Udry. A l´encontre-La Breche. Noviembre 1, 2014.
Le Temps . Octubre 4, 2014.
Le Monde. Junio 29, 2014.
http://www.vientosur.info/spip. php?article9538.
EFE. Diciembre 15, 2014.
Il Manifesto (Italia). Red Voltaire. Octubre 8, 2014. Manlio Dinucci. “Hong Kong bajo los paraguas”.

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