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Centro de Estudios del Trabajo Resumen de un trabajo realizado para la Central Unitaria de Trabajadores, dirigido por Enrique Daza.

Las políticas neoliberales que han quebrado la producción industrial y la “flexibilidad laboral”, han golpeado duramente el empleo en Colombia, sobre todo para la juventud y las mujeres. La informalidad, el trabajo temporal y a destajo, el salario integral, la tercerización, y otras medidas, han generado un panorama de desempleo y de precariedad laboral, muy semejante al de la fase inicial de la industrialización en Inglaterra, pintada magistralmente por Charles Dickens. Si a esto se agrega la incapacidad de la educación pública para lograr plena cobertura y la privatización de la educación superior, el panorama es completamente desolador. Colombia está desperdiciando su “bono demográfico” y de hecho esta juventud masculina y femenina que no trabaja, no estudia, ni busca empleo (ni-ni-ni) no tiene ningún horizonte académico ni productivo.

En Colombia son jóvenes todas las personas entre 14 y 28 años de edad (Ley 1622 de 2013). Entre los 14 y los 18 años los jóvenes son aún “menores” o mejor adolescentes (de 12 a18 años según el Código de infancia y adolescencia), su trabajo está prohibido antes de los 15 y permitido con autorización especial a partir de los 17. Al cumplir 18 años se hacen mayores. La juventud debería ser la edad de las oportunidades educativas. El sistema educativo colombiano no cubre a toda la población y la cobertura es especialmente insuficiente en los niveles de bá- sica secundaria, media y superior. Sin embargo, por el desempleo reinante muchos de estos jóvenes que se podrían vincular al mundo laboral, no tienen otras opciones que el desempleo, la informalidad o los oficios domésticos.

Colombia, hoy en día, vive varias transiciones en el mundo del trabajo juvenil y femenino:

1) La condición femenina se caracteriza porque aún subsisten las viejas relaciones de dominación y exclusión, al tiempo que la vinculación al trabajo y el ingreso a la educación de las mujeres, a todos los niveles, durante el último medio siglo, ha traído cambios sociales y culturales, pero sobre todo ha activado la lucha por la igualdad de oportunidades con los hombres, ya que en los hechos, y particularmente en la esfera laboral, se mantienen muchas inequidades. Al igual que en el resto del mundo, el movimiento feminista es uno de los movimientos sociales y culturales más importantes en el último siglo.

2) Colombia pasó durante la segunda mitad del siglo XX de ser un país predominantemente rural a tener la mayoría de su población concentrada en las ciudades. Este proceso ha sido impulsado por la pobreza y la violencia en el campo. Los desplazados buscan mejores oportunidades de trabajo, de educación y mejores bienes y servicios.

3) La transición demográfica ha permitido pasar de una alta natalidad y mortalidad, con efectos desastrosos en los niños y adolescentes, puesto que son la mayoría de la población, a una situación de baja natalidad y mortalidad. Familias más pequeñas y mayor duración de la vida por los avances de la medicina y del saneamiento ambiental. El peso relativo de los jóvenes y de los viejos tiende a equilibrarse. La transición demográfica coloca a los países en el momento del llamado “bono demográfico”, como se denomina cuando el porcentaje de población en edad de trabajar y producir es mucho mayor al porcentaje de población dependiente. Esta coyuntura favorable en la relación entre productivos y dependientes hace que la sociedad tenga mayores oportunidades para generar los recursos fiscales y contributivos que permiten invertir con más solidez en las nuevas generaciones. Es el momento para hacer un esfuerzo serio tendiente a elevar la productividad de los jóvenes.

La situación laboral de jóvenes y mujeres

El mercado laboral

Colombia es un país joven: en 2015 el 44,6% de la población tenía menos de 25 años y en el 2020 esta proporción será de 42,1%. La población en edad de trabajar, PET (de 12 a 65 años), en el 2015 era de 37.257.000 personas y los jóvenes (14-28 años) eran el 32,4% del total.

La tasa global de participación (TGP) es la parte de la PET que trabaja o busca empleo, es decir que es económicamente activa y está realmente en el mercado laboral. Entre los jóvenes de 14 a 28 años esta tasa era de 58,2% en el 2015. El resto, los inactivos económicamente, están estudiando, en los oficios domésticos o en la simple inactividad.

Muchos jóvenes en la adolescencia abandonan el estudio y se vinculan al mercado laboral. Pero en esas edades la tasa de participación es baja y crece progresivamente a medida que se avanza en edad y los jóvenes tienen menos oportunidades de estudio y más necesidad de trabajar. Esto se refleja en que la tasa de participación va creciendo y después de los 25 años alcanza el nivel del resto de la población adulta. La tasa de participación de las mujeres es siempre inferior a la de los hombres, lo que significa que su vinculación al mercado laboral es menor. Por lo tanto sus tasas de desempleo son mayores.

En la parte de la PET que está inactiva hay diferencias significativas entre hombres y mujeres. Para los jóvenes de 14 a 28 años la inactividad es de 33,5% en los hombres y de 50% en las mujeres. Esta diferencia expresa las condiciones creadas por los papeles diferentes establecidos para los dos géneros: muchas mujeres entran tardíamente al mercado de trabajo o regresan a la población inactiva a hacerse cargo de oficios domésticos o del cuidado de otras personas.

a5Desempleo

Según cifras oficiales, la tasa de desempleo abierto para el 2015 (hasta agosto) era de 8,5%, que equivalía a 2.027.000 personas. Esta tasa es mayor para las mujeres, 10,9%, que para los hombres, 6,6%. Entre los jóvenes entre 14 y 28 años, era de 14,8% en el 2015 (1.039.000 personas). Las mujeres son más vulnerables al desempleo que los hombres y los jóvenes lo son más que el resto de la población, duplicando el de la población total. Las mujeres jóvenes son el grupo más vulnerable.

Informalidad

La informalidad se refiere a la actividad económica en pequeñas unidades productivas con organización rudimentaria, poca o ninguna distinción entre el trabajo y el capital, empleo ocasional, sin contratos, basada en el parentesco o las relaciones personales y sociales, y sin registros mercantiles, contabilidad y seguridad social. Ocurre cuando los costos de la formalidad (impuestos, registros, contratos) superan la rentabilidad de la actividad. La persistencia y crecimiento de la informalidad son producto del modelo de desarrollo. El empleo informal crece casi a la par que el empleo formal. La proporción de mujeres en el empleo informal es mayor que la de hombres.

Dentro de la informalidad predomina el empleo por cuenta propia. El empleo doméstico es informal en su totalidad. Con la excepción de los empleados del gobierno (100% formales) y los empleados particulares (80% formales), todas las demás posiciones presentan una proporción de informalidad mayoritaria. Lo más destacado es que los empleados por cuenta propia son el 37,5% de todos los ocupados y de ellos son informales el 80%. Por otra parte, los empleados particulares son el 48% de los ocupados y son formales en cerca del 80%.

El empleo informal se presenta predominantemente en los sectores de la construcción, comercio, hoteles y restaurantes, transporte, almacenamiento y comunicaciones y en la agricultura, pesca, ganadería, caza y silvicultura.

Los jóvenes y el empleo informal

Los jóvenes se incorporan principalmente al trabajo informal. Acceden a trabajos de corta duración con rotación alta, sin cobertura de salud ni pensiones. Mientras más jóvenes, tienen menores remuneraciones. El 93% de los adolescentes ganan menos del mínimo.

Las limitaciones educativas inciden en el ingreso a la informalidad. La cobertura neta de la secundaria (básica) fue de 78,9% y la educación media 47,8, ambas en las zonas urbanas. En las rurales la cobertura fue mucho menor. Sobre esto el documento CONPES 173 dice: “En 2012 la TCN (Tasa de Cobertura Neta) en las áreas urbanas para el nivel de educación secundaria fue de 78,9% y en la zona rural de 54,8%. En el nivel de media las tasas para las zonas urbana y rural fueron de 47,8 y 24,9%, respectivamente. En ambos niveles, la diferencia entre las tasas de la zona urbana y rural es superior a 20 p.p. (Pag.18)”. Para la educación superior el documento informa de una tasa de cobertura de 42,4% en 2012 y 45,5% en 2013. La modalidad alterna de “Educación para el Trabajo y el Desarrollo Humano”, apenas ha alcanzado, en el 2013 al 10,4 de los jóvenes de 15 a 24 años.

“En el caso de la deserción por cohorte a nivel universitario se evidencian niveles de deserción del 45.3%, lo que significa que uno de cada dos estudiantes que ingresa a educación superior no culmina sus estudios. El problema es mayor en el nivel técnico y tecnológico, donde la deserción alcanza niveles del 63.2% y el 52.3% respectivamente” (Pág. 21).” 1

La educación básica tiene cobertura amplia pero no capacita para el trabajo; la media y superior tienen coberturas bajas y deserción alta. Adicionalmente la calidad es baja, especialmente en las instituciones oficiales.

Una situación especial en estas edades es la de los denominados “ninis” que no estudian ni trabajan. En Colombia se estima que están en esta situación 27% de los jóvenes entre 18 y 21 años y 24% entre 22 y 28 años.

El embarazo de adolescentes es un factor que contribuye a la reproducción del ciclo de la pobreza y de la exclusión. El 14,4% de las jóvenes entre 15 y 19 años son madres y se concentran en los grupos más pobres de la población.

Políticas públicas para el empleo juvenil

En 2010 se sancionó la Ley 1429 conocida como “Ley de Primer Empleo”, que establece estímulos económicos y deducciones tributarias a empresas que contraten población de baja empleabilidad. El objetivo era incentivar la formalización de empresas y la creación de puestos de trabajo. No hay evidencias concluyentes que muestren que esto se logró y si lo hizo fue en proporción muy reducida. En 2015 se lanzó el programa 40.000 primeros empleos, para subsidiar el pago de los primeros tres meses de salario de los participantes, incluyendo las prestaciones sociales. Es dudoso el impacto que puede tener por su carácter transitorio, que no toca para nada la competitividad y la productividad del país. Otra estrategia relacionada con el empleo juvenil son los programas de becas o de gastos de sostenimiento, que buscan la permanencia de los jóvenes en el sistema educativo o su vinculación a cursos breves. “Jóvenes en acción”, “Talentos para el empleo”, “Transporte para el empleo”, “Ser pilo paga”. Estos programas, pese a sus buenos resultados inmediatos, son solamente estrategias remediales y temporales destinadas a paliar los efectos estructurales de la pobreza y la exclusión.

La libreta militar es un obstá- culo para la contratación de los jóvenes en empleos formales. El Gobierno está tramitando un proyecto de ley, cuestionado por que no hace ningún cambio de fondo en el servicio militar, abriendo una especie de crédito para que los jóvenes paguen la cuota de compensación militar (que no es otra cosa que comprar la libreta). Aunque es un problema serio no es probable que la remoción del obstáculo signifique acceso masivo al empleo formal. Los problemas reales tienen que ver con la brecha entre la educación y el mundo laboral. El desempleo afecta más a las mujeres que a los hombres jóvenes y el requisito militar no las afecta.

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El mercado laboral en perspectiva de género

Las mujeres tienen menor participación que los hombres en el mercado laboral. Las que no participan en el mercado de trabajo forman parte de la población “inactiva”, que se dedica un 60% a actividades no remuneradas de cuidado u oficios del hogar, un 30% al estudio y un 10% a otras actividades. La participación laboral femenina aumenta en la población con más años de estudio y en los grupos con mayores ingresos.

La ocupación de las mujeres ha aumentado por un proceso de “feminización” del mercado laboral. Si bien la mayor presencia de mujeres en el mercado de trabajo es importante para estimular la equidad de género, lo que está ocurriendo es que las mujeres entran al mercado laboral a complementar o suplir el ingreso de los hombres desempleados. No se trata entonces de un progreso para mejorar las condiciones, sino de una estrategia familiar de sobrevivencia.

En los años recientes ha crecido el empleo formal más que el informal. Pero se trata de un espejismo, ya que el 34% de los empleos formales creados fueron trabajadores por cuenta propia. El empleo informal creció también debido a los trabajadores por cuenta propia. Las mujeres crearon su propio empleo en el sector informal a una tasa de 33 mil empleos por año, para un total de 270 mil empleos en el período.

El desempleo ha sido diferente para hombres y mujeres en las dos últimas décadas. En los 90 disminuyó la contratación de mano de obra especialmente en la construcción y, en consecuencia, muchas mujeres buscaron trabajo para sostener los ingresos de sus hogares. Para enero de 2009, la tasa de desempleo femenino era de 739 mil mujeres desocupadas frente a 653 mil hombres para las trece áreas metropolitanas más grandes de Colombia.

En Colombia se dio un cambio entre 2001 y 2009 a favor de los ingresos no laborales. Los hogares en Colombia viven cada vez menos de las fuentes directas de trabajo y más de otras fuentes o activos no laborales, como los arriendos, las remesas o las pensiones.

Las evidencias confirman que un nivel igual de educación no garantiza a las mujeres que sus ingresos laborales sean semejantes a los masculinos. Por el contrario, la brecha de ingresos continúa persistiendo en Colombia: entre el 2001 y el 2008, se ampliaron las brechas para todos los niveles educativos.

La economía del cuidado

Economía del cuidado son las actividades que cuidan del bienestar de otros, que habitualmente tienen lugar en el ámbito doméstico y están casi siempre a cargo de las mujeres. La Ley 1413 de 2010 incluyó las actividades de cuidado en el Producto Interno Bruto (PIB) y ordenó la aplicación de una Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT).

La economía del cuidado introduce una discusión sobre la distribución de las tareas de cuidado entre el Estado, el mercado y los hogares, por un lado, y entre varones y mujeres por el otro. El cuidado es una actividad básicamente a cargo de las mujeres y un obstáculo para su desarrollo. Las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres a las labores de cuidado. Las cargas del cuidado son mayores para las mujeres que habitan en zonas rurales.

Las estadísticas de la economía del cuidado y los análisis sobre el tema traen a la discusión pública temas como la desigualdad de la distribución de las cargas de cuidado entre los géneros, las diferencias entre el trabajo remunerado y el no remunerado, el aporte de este último a la economía nacional, los déficits en los servicios institucionales de cuidado –en especial para los niños preescolares y los adultos mayores– y, ante todo ponen de presente una de las fuentes principales de la inequidad que desfavorece a las mujeres.

Sobre el salario mínimo

El salario mínimo se estableció para proteger a los trabajadores de más bajos salarios estableciendo un piso salarial digno. Mas las políticas introducidas en las reformas neoliberales con la “flexibilización laboral”, en lugar de invertir en la productividad del trabajo han optado por reducir los costos, bajando los salarios y el acceso a los beneficios sociales de los trabajadores. Una parte sustancial del crecimiento de la vinculación de mujeres al mercado laboral ha ocurrido por cuenta propia, esto es, en condiciones en las que es probable que una remuneración sea menos del mínimo legal.

Las mujeres cada vez participan más en el mercado laboral, pero lo hacen en condiciones de desventaja y precariedad. En materia de ingresos la brecha de género se amplía cada vez más. El 28,3% gana menos de medio salario mí- nimo legal vigente (smlmv); el 51,7% recibe entre medio y un 1 smlmv.

El modelo de desarrollo orientado a deslaboralizar las relaciones entre el capital y el trabajo, se manifiesta en modalidades de contratación o de trabajo que suprimen o eluden las garantías laborales. Una de ellas es el salario mínimo. La distribución de ingresos en Colombia empeoró. Se ha presentado una mayor concentración del ingreso laboral en Colombia que ha afectado especialmente a los sectores de ingresos medios de población, pero también a los de más bajos ingresos.

Conclusiones

Colombia, a partir de 1990, profundizó el modelo de apertura. Se dedicó a firmar TLC, redujo radicalmente los aranceles e inició las reformas neoliberales: contratos a término fijo, empleo temporal, subcontratación, salario integral, fondos privados de cesantías y de pensiones. En el nuevo siglo se continuó esta tendencia, que afirmaba que su objetivo central era generar un mayor empleo formal, objetivo que no se cumplió. Todas estas son políticas antilaborales. El trabajo ha perdido participación en los frutos del crecimiento.

Las medidas neoliberales se han orientado a privilegiar el sector primario, de minería e hidrocarburos, que genera poco trabajo, así como la inserción en el mercado internacional con el libre comercio y la desindustrialización. Este modelo al eliminar las garantías laborales estimula el auge de los trabajos temporales, de las prácticas para evadir el pago de prestaciones y por supuesto la eliminación de la posibilidad de asociación en sindicatos. Las políticas así concebidas generan empleos temporales, de corta duración y baja calidad, y precarizan el trabajo.

Las medidas, o por lo menos las declaraciones oficiales, que hablan de formalizar, crear empleos estables y de calidad no pasan de ser meros placebos. La interpretación oficial es que basta con mejorar la capacidad de los individuos mediante capacitación para que todos tengan empleos decentes, estables y de alta calidad. De ahí la avalancha de acciones remediales y temporales que ni siquiera hacen cambios permanentes en el aparato institucional. Mientras no se introduzcan cambios de fondo en el modelo de desarrollo, tendremos simplemente paliativos que quizá tengan efectos positivos temporales pero limitados.

Mientras subsista el modelo neoliberal no se detendrá la crisis productiva ni sus concomitantes, el desempleo, el empleo precario y la informalidad laboral para todos los colombianos y en particular para los jóvenes y las mujeres. Este modelo impuesto desde 1990, ratificado con la Constitución del 91, y mantenido por todos los gobiernos desde entonces, ha sido profundizado en los últimos gobiernos. Santos no es la excepción; por el contrario, es su más eximio exponente. Todas sus medidas económicas y sociales van en este sentido, al igual que todos los Tratados de Libre Comercio. La lucha contra estas medidas debe ser parte sustancial de la agenda del sindicalismo colombiano y se constituye en punto crucial para definir la defensa del trabajo colombiano y la soberanía nacional.

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1. Consejo Nacional de Política Económica y Social. Departamento Nacional de Planeación. Documento CONPES 173. Lineamientos para la generación de oportunidades para los jóvenes. versión aprobada. Bogotá D.C, julio 3 de 2014

 

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1 reply to this post
  1. Es increíble la manipulación de indicadores económicos por el Gobierno, que asegura que el desempleo en Colombia ha bajado a niveles “nunca vistos”, porsupuesto cuentan vendedores ambulantes, recicladores y pareciera que incluyen a los que piden en los semáforos???

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