Home ACTUALIDAD Festival de cine colombiano en Nueva York

Esto es Nueva York, en el marco de The Colombian Film Festival 2015, en uno de los Tribeca Cinemas en donde se presentaron nueve largometrajes de ficción, cuatro documentales y seis cortometrajes, entre producciones colombianas y coproducciones de Colombia con otros países. 7 de ellas ganaron los principales premios.

Al salir de una de las proyecciones en el estreno mundial del largometraje, Dos Mujeres y una Vaca, Efraín Bahamón, director y guionista de la película, se sorprende ante un comentario sobre la trama: poco creíble que esas mujeres no sepan leer. Para los extranjeros puede ser extraño que nuestro cine muestre realidades que parecen de ficción, como el hecho de que haya aún personas que no saben leer, o que pueden leer y escribir solo lo suficiente como para poder sobrevivir en el mundo “moderno”.

Entre todas las obras fílmicas presentadas en el pasado festival, muchas, la mayoría, plasman realidades colombianas. Con humor o con crudeza, los directores nacionales insisten en mostrar al mundo lo que ocurre en el país desde ópticas diferentes a las de la información oficial. Y el esfuerzo, aunque a veces, como en este caso se premia, en el país no se valora.

Las dos salas de Tribeca estuvieron llenas con un público extranjero ávido de conocer el cine nacional, que pagó a $18 dólares por persona la boleta. ¿Cuántos espectadores lograrán concentrar algunas de estas mismas películas en las salas nacionales?

Por supuesto no se acercará ni un poco a los 3.336.589 espectadores que asistieron al estreno de Rápidos y Furiosos 7, en versión 3D, típica película de acción norteamericana, por la que cada uno pagó $13 mil pesos colombianos para un recaudo durante las primeras tres semanas de más de $ 27.013.054.004,00 de pesos colombianos.

Nos quejamos de que nuestros coterráneos no vean la mayor parte de nuestras películas; nos acusan de ser “europeos” en la realización de las imágenes, en los simbolismos, en las alegorías. Producto del analfabetismo, no solo hay quienes no saben leer textos, sino quienes no saben leer imágenes, y producto del bombardeo de las películas de acción y las comedias norteamericanas que llenan nuestras salas de cine y venden boletas como pan caliente, los que saben leer, prefieren no hacerlo, mejor ver la televisión y el cine extranjero (que por supuesto y por fortuna tiene grandes excepciones  y que lamentablemente este mismo público no ve).

Premiados por  la crítica extranjera, los directores colombianos intentan llenar las salas nacionales, aunque sea en el estreno, para que los exhibidores y distribuidores permitan que sus obras permanezcan en cartelera lo suficiente para recuperar, al menos, lo  invertido.

Dicen por ahí que a cine se va para divertirse, para olvidarse del trajín diario, de las penas y dificultades que nos acongojan, y con esa teoría banal, al no ver el cine nacional y privilegiar el cine extranjero, en especial el cine estadounidense que nos llega, nos contagiamos de la violencia de los rápidos y furiosos, nos reímos del humor poco inteligente, nos asustamos con los zombies y los vampiros y no nos damos cuenta de que pagando esa boleta los vampiros chupan nuestra identidad y siembran la pandemia del olvido de quiénes somos, cómo somos y por qué somos así, convirtiéndonos en consumidores de lo ajeno.

Para dejar de ser zombies y mantener a distancia a los vampiros, se requiere del apoyo del público, del apoyo de los distribuidores y exhibidores, del apoyo de la prensa escrita, televisada y radial; de más y mejores estímulos de las instituciones rectoras de la cultura; de leyes que privilegien más a los autores nacionales en todas las artes y menos a los extranjeros; un cambio que nos permita entender que la cultura propia es la que construye grandes civilizaciones, que toma lo valioso de otras y lo incorpora y transforma para fortalecer lo propio.

Apoyar el cine nacional que se mantiene a flote por la perseverancia de los cineastas y de otras artes que agonizan sin el oxígeno vital del público que asista a las salas de teatro y de conciertos, y compre los libros, los discos, las obras de arte de autores nacionales, es un imperativo para ser realmente colombianos.

María José Posada, Productora de la película: “Dos mujeres y una vaca”, ganadora de uno de los premios “Cien por ciento colombiano”, en el marco de The Colombian Film Festival 2015, realizado en Nueva York a comienzos de abril de este año.

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